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domingo, 25 de abril de 2010

With a little help from my friends


Definida por la filosofía como un problema metafísico u ontológico, la realidad ha propiciado ríos de tinta intentando ponerle nombres y apellidos para que sea tan real como nosotros mismos. Otros en cambio, han hecho constar que solo en relación a la experiencia podemos adquirir una idea justa acerca de lo que es la realidad, es decir  pienso, luego existo, ergo vivo luego existo. Arrogarnos el derecho de pensar ya es en sí mismo una trampa del ego.

Kant nos dice que el postulado para el conocimiento de la realidad de las cosas, exige una percepción; por consiguiente una sensación acompañada de conciencia del objeto mismo cuya existencia ha de conocerse, pero es preciso también que ese objeto concuerde con alguna percepción real según las analogías de la experiencia, las que manifiestan todo enlace real en la experiencia posible.

Experiencia, lo que vivimos desde nuestro nacimiento con mayor o menor conciencia, es moldeado por un sinfín de factores ambientales y de tiempo lineal. Mi experiencia de vida en diferentes países me han forjado un carácter abierto, pero mis vivencias son de una Argentina de hace más de 20 años, las de Brasil de hace más de 30, hoy son otros países.  Vivo en España con el ambiguo privilegio de haber asistido a su década prodigiosa, no me cansé en estos años de predicar en el desierto acerca de todo lo que había y se estaba pasando por alto como sociedad, que no todo era bienestar económico, que tenía que ir acompañado de un cambio cultural, de como deseaba participar de alguna manera. España se fue a Europa y Europa no la devolvió, y ahora al volver la vista atrás se ve la senda que nunca se ha de volver a pisar ... Si algo aprendí en los viajes, es que nunca volvemos a ninguna parte, por eso siempre vuelvo a los destinos para redescubrirlos.

Y me he metido en estas honduras a raíz de este tiempo convulso que vive mi país adoptivo, que es tan mi país como mi querida Argentina, aunque a los propios nunca se le oiga decir mi país (al principio pensaba que al decir mi pueblo decían mi país, más tarde descubrí que no era así), aquí se dice ‘este país’ lo cual a primera vista libra al interlocutor de cualquier responsabilidad, o al menos del compromiso. Hoy no voy a desgranar este controvertido tema que da para muchos posts, sí lo haré más adelante.
En estos días, de tiempos convulsos como dije antes,  disfruto trabajando con el objetivo de salir adelante con nuestro pequeño-gran proyecto de empresa. Pequeño por lo iniciático y grande por la ilusión y como no, la experiencia puestas en ello. Pasé de las grandes corporaciones al camino emprendedor, como muchos otros están haciendo en estos momentos, acicateados, obligados o aprovechando la oportunidad.


En los años que llevo viviendo aquí he conocido muchas personas del sector en el que trabajo, conocidos y amigos, la misma dinámica cambiante y evolutiva del turismo se me antojó como una rueda, ya que siempre te vuelves a encontrar con las mismas caras, y con quien negociabas arduamente para que te provea un servicio un año quizá al siguiente te estaba comprando a ti, o bien el que desde su ámbito de poder rechazó tu candidatura a un puesto a la vuelta de los años ha venido a pedirte trabajo, y así un sin fin de situaciones de lo más diversas. Siempre me he caracterizado por el trato franco y la aplicación de una ética profesional siempre adaptada a los tiempos, por lo cual se me podrá tachar de muchas cosas pero nunca de incoherente. Y esto viene a cuento de cómo cambian las personas según sea tu situación de ventaja o desventaja respecto de lo que puedas aportar, según la subjetiva experiencia del otro (las analogías de la experiencia), y en estos días de reconectar con las personas que me pueden ayudar en mi andadura, compruebo una y otra vez cuan vigentes son mis percepciones. Actualmente estoy recibiendo más ayuda desinteresada de otros países que del mío propio, donde todo el mundo está ocupado con una crisis que tiene más de depresión social y ‘sálvese quien pueda’ que de un mea culpa y empecemos a movernos (juntos) para poder salir. Y esta ayuda puede ser una palabra de aliento, un apoyo incondicional, un apoyo comercial o meramente una palabra amiga, porque ayer, hoy y mañana, seremos siempre los mismos. Esta es la realidad, y en el camino nos seguiremos encontrando, y esto los saben todos aquellos que me conocen, siempre he sido agradecido y aun en mis picos más altos de stress laboral, nunca me he negado a ayudar a quien lo necesitaba.

No sé cuantas veces he ido al ya desaparecido cine Ritz de Buenos Aires a ver Woodstock en la trasnoche, entre otras tantas escenas para la posteridad, una de las canciones a mi entender mejor versionada de la historia está ahí, interpretada por un Joe Cocker pasado de rosca. Han pasado muchos años desde esos lejanos 70 y desde luego mi alma aventurera que siempre ha viajado se ha resistido de mil formas a sentar cabeza. Aunque he dado muchas vueltas y ha sido difícil  seguirme la pista, las personas queridas siempre han estado en mi memoria y en mi corazón, y en homenaje a ellos y a estos tiempos, me quedo con la parte más bella dedicándoles este With a little help from my friends  que me sigue sonando con la misma emoción que la primera vez. Esta es mi experiencia.


Lpl'10




sábado, 13 de febrero de 2010

Los caminos que se bifurcan

Amigos y seguidores, estoy ocupado en interminables burocracias al poner en marcha un proyecto propio con vistas a independizarme de un mercado laboral cada vez más complicado; la tentativa me ha mantenido más que distraído de mi cita con este querido espacio. Siempre me digo que no es excusa, que debo aprovechar las ingentes marejadas del día a día y transcribirlas aquí como es menester; acumulo ‘recortes’ para el Árbol de la Memoria sin encontrar tiempo para elaborar, o más que tiempo un estado personal apropiado para hacerlo. Los sueños que persigo y los que en la vigilia transito también deja su huella que hacen mis días más ricos. Pero a veces amalgamar todo esto se me antoja una titánica tarea, editar mi interior, y ahí queridos míos no hay tecnología que ayude.

En plena tarea del día me asaltó un recuerdo. Hace más de dieciséis años que uno de mis mejores amigos dejó estos pagos terrenales en los que todos seguimos luchando por encontrar el camino. Lo hecho de menos. En estos días que las circunstancias me llevaron a materializar un proyecto abandonado desde los lejanos años ochenta, algo que no pudo ser y hoy se me presenta posible, recuerdo con emocionada claridad aquellos días. La vida no siempre te da una segunda oportunidad.

Conocí a Raúl en un viaje a Iguazú, éramos colegas de profesión y coincidimos en Aeroparque (el aeropuerto doméstico de Buenos Aires); periodo de semana santa, alta temporada, vuelos llenos y overbooking en los hoteles, corría el año 1979 con resaca post-mundial 78 y la ‘plata dulce’ de aquel periodo dictatorial hacía que el negocio del turismo como tantos otros fueran boyantes hasta el punto que en destinos como Miami se acuñó el famoso ‘deme dos’, todo lo contrario de lo que ocurría en paralelo con las libertades que en aquel momento eran cercenadas sin piedad, a golpe de falcon verde y allanamientos nocturnos. En el fragor de las facturaciones de los vuelos especiales, Alicia, su compañera a quien yo conocía del sector de los viajes nos presentó. La empatía no acudió a aquel encuentro y después de varias peripecias que son anécdotas comunes a la organización de los viajes en grupo, terminamos brindando amistosamente en el Internacional de Iguazú; flamante y orgulloso por aquel entonces y hoy convertido en un Sheraton con excepcionales vistas a las cataratas.

En el vuelo de regreso, con el cansancio de los intensos cuatro días del pack clásico de temporada y de superar las hordas viajeras, a modo de catarsis nos surgió la idea de los caminos bifurcados, se nos ocurrió pensar que nuestro encuentro e incipiente amistad no eran más que una senda que nadie podría evitar se separara como dos líneas que no están exactamente paralelas. En aquellos años me comía el mundo y podía no haber entendido su reflexión, pero ya a mis veintitrés años había experimentado pérdidas profundas que habían dado vuelta mi pequeño mundo y pude asentir.

Meses más tarde, Raúl desaparecía chupado por la secreta en un viaje en subte (metro) de vuelta a casa, por ir leyendo El Lobo Estepario de Herman Hesse; durante una semana de búsqueda nadie supo nada de él, hasta que días más tarde, apareció liberado de milagro desde una comisaría de distrito que por aquellos tiempos eran los distribuidores de las cárceles clandestinas. Este fue el acicate para que dejara todo lo que estaba haciendo en Buenos Aires y proyectara irse a Miami al poco tiempo, y nuestros caminos de repente se bifurcaran.

Tendimos muchos puentes en las tardes de su casa de Medrano después del laburo, en las reuniones variopintas y los cocktails de turismo en los que intentábamos coincidir. Las charlas de apurada sobremesa en los almuerzos de la City Porteña donde bullía el ir y venir de las transacciones del mercado negro. Allí mezclábamos la situación de las diferentes divisas con sus luchas dialécticas con su jefe o nuestras cuitas con las respectivas mujeres. Pero siempre en todo ello, había una reflexión para aprender, para contrastar y pensar que a veces, uno no esta tan solo. Papas fritas a caballo y una Quilmes eran los compañeros ideales de los mediodías en las comidas rápidas de la calle Florida.

Nuestro proyecto era montarnos un agencia receptiva en Miami, pero mi situación de aquel entonces no me permitió dar el salto. Países y trayectoria vital mediante, nuestro contacto se fue perdiendo en el océano de los días, hasta aquel encuentro en los 90 en Orlando donde ya no eras vos y el mal consumía tus recuerdos.


Allá en tu cielo, donde estés, te comparto que los caminos aunque se separen, no son lineales y el paso del tiempo me reafirma en nuestra búsqueda; que después de treinta años de aquellos fallidos planes, ahora lo vuelva a intentar con la mujer que más amo, hace que los senderos que otrora confusos se perdieron, los vuelva a retomar para alguna vez brindar con vos por la esencia de la vida, por la verdadera amistad que perdura en forma de memoria después de tantos años.

LPL'10