Escribí en cualquier papel, en la urgencia de mis actos, en el sentido del momento. He aquí los retazos del mundo que fui y del alma que soy
sábado, 13 de febrero de 2010
Los caminos que se bifurcan
sábado, 16 de enero de 2010
Palabras
domingo, 3 de enero de 2010
Otra Mirada
lunes, 21 de diciembre de 2009
En estas fiestas: Ocho regalos que no cuestan un centavo

Pero realmente escuchar, sin interrumpir, bostezar, o criticar. Solo escuchar.
2.- El regalo del Cariño.
Ser generoso con besos, abrazos, palmadas en la espalda y apretones de manos, estas pequeñas acciones demuestran el cariño por tu familia y amigos, y porque no decir alguna vez 'Te quiero'.
3.- El regalo de la sonrisa.
Llena tu vida de imágenes con sonrisas, dibujos, caricaturas y tu regalo dirá: "me gusta reír contigo"
4.- El regalo de las notas escritas.
Esto puede ser un simple "gracias por ayudarme", un detalle como estos puede ser recordado de por vida y cambiarla a un tal vez.
5.- El regalo de un cumplido.
Un simple y sincero "te ves genial de rojo", "has hecho un gran trabajo" o "fue una estupenda comida" puede hacer especial un día.
6.- El regalo del favor.
Todos los días procura hacer un favor.
7.- El regalo de la soledad.
Hay días que no hay nada mejor que estar solo. Se sensible a aquellos días y da este regalo o solicítalo a los demás.
8.- El regalo de la disposición a la gratitud.
La forma mas fácil de hacer sentir bien a la gente es decirle cosas que no son difíciles de decir como "Hola" y "Muchas Gracias".
viernes, 18 de diciembre de 2009
LA COMPASIÓN NOS AYUDA A DECIR ADIÓS

Todos hemos tenido que dejar morir un sueño: el noviazgo que no se convirtió en matrimonio, el empleo en el que no se avanzó, el negocio que no triunfó, el matrimonio que, lánguidamente, duró toda la vida.
Cada vez que un anhelo llega a su fin es necesario despedirse. Para ello, hay que identificar todo lo que podemos agradecerle a esa situación y que además puede formar parte de nuestro equipaje, pero también debemos ser capaces de dejar atrás todo aquello que fue inconveniente, y que puede convertirse en una carga demasiado grande para el resto de vida que nos queda por delante.
Las etapas en la vida se suceden. Los finales de un ciclo se unen a los principios del siguiente. Este es el proceso normal y puede darse con armonía. Sin embargo, en nuestro medio es común pensar que terminar un ciclo, dejar morir un sueño, es fracasar, y el fracaso está prohibido.
Se cree que el éxito está en que los procesos no se terminen nunca. Por lo tanto, cuando llegamos al final de un ciclo y tenemos que despedirnos, buscamos explicaciones, culpamos al otro o a nosotros mismos y así, las despedidas se vuelven ferias por la agresión y la recriminación mutua.
Ello, por supuesto, es un gran error ya que maduramos mejor cuando podemos integrar en el nuevo camino lo anteriormente vivido. Y para lograr eso debemos ser capaces de discernir amorosamente, de validar todo lo que la vivencia construyó en nosotros: los dolores que nos hizo superar, las cualidades que nos permitió desarrollar o los defectos que nos hizo conocer. Solo así, estaremos mejor preparados para un nuevo comienzo. Solo así habremos ganado en sabiduría.
Es claro que durante la jornada, durante el tiempo que dura esa relación o ese matrimonio siempre hay posibilidad de arreglar las cargas, pero los finales nos enseñan mucho, pues nos permiten una mirada retrospectiva sobre lo ocurrido.
Iniciamos las relaciones con ilusión. Pensamos: “Ahora sí encontré la persona perfecta” o “Sacaré adelante este proyecto económico”. Siempre empezamos llenos de entusiasmo y de sueños. Hay algo que percibimos en el otro, su potencial, sus características, que nos llevan a intuir que es la persona adecuada.
Pero con el correr del tiempo, podemos encontrarnos con que la perfección no ocurre y entonces, la desilusión llega marcando un final. O no es raro que la idea de la perfección misma sea nuestro gran saboteador, y aunque las cosas se den bien, perdemos el gusto de lograrlas y nos desanimamos. En otras oportunidades, nunca logramos estar satisfechos con lo logrado, siempre falta algo y así las relaciones se agotan y entendemos que ha llegado el momento de decir adiós. Para otros, el paso del tiempo va marcando caminos y rumbos diferentes y el vínculo desaparece.
Es frecuente oír en la consulta cómo la situación ha ido cambiando y el cónyuge ha dejado de ser amable para convertirse en un amargado al que ya no se le puede hablar. En las conversaciones se menciona la insatisfacción, los errores cometidos pero, sobre todo, se ve cómo el cuidado por la relación misma y por la autoestima del otro, ya no está presente. El trato se torna desconsiderado y en ocasiones hasta grosero. O, como el socio ya no trabaja en equipo, se obstaculizan las decisiones. Es cuando surgen las acusaciones mutuas y la búsqueda del beneficio unilateral reemplaza el logro de metas comunes.
En síntesis, el otro se ha vuelto fuente de dolor. En esas circunstancias se incuba la rabia que anuncia rupturas desastrosas.
En ocasiones, es conmovedor ver cómo en el tope del dolor después de la ruptura, las personas comienzan a evaluar lo que pasó y entonces es en estos momentos donde aprenden más sobre cómo construir amor y armonía, que durante la relación misma. Cuando ya no hay nada que hacer, descubren todo lo valioso que había en la amistad o en el matrimonio.
La desilusión del final hace con frecuencia que se exprese tal desprecio por los antiguos compañeros, que cuando la reflexión y discernimiento hacen su aparición, ya la pelea ha sido de tal magnitud que lo conservable también ha quedado destruido.
Es doloroso ver cómo la incapacidad para decir un adiós a tiempo que permita conservar las lealtades fundamentales de las relaciones humanas, convierte los finales de los ciclos en pérdidas irreparables. Hacer del ex-cónyuge o del ex-socio un enemigo, es negarnos la posibilidad de la conciliación.
Pero siempre hay otra ruta: cuando se llega al final del camino, podemos abandonar la crítica, la desilusión, el desánimo, el culto a nuestro propio ego, para saludar la forma más alta del amor: la compasión.
La compasión en la despedida no tiene que ver con sentirse superior o comprensivo porque el otro está en un error. Tiene que ver con experimentar un afecto sincero por nosotros mismos, por el otro y por las relaciones que hemos establecido en un proyecto compartido. Implica tener la determinación de hacer todo lo posible para conservar la propia integridad emocional y la del otro. También, implica comprometerse profundamente con hacer de cada uno de nosotros una persona, que de forma distinta de un bárbaro que arrasa con la cosecha, más bien se retira del campo cuidando bien de que lo sembrado pueda dar fruto.
(María Antonieta atiende consulta individual y realiza otras actividades relacionadas con su práctica profesional según se le solicite. Para mayor información, por favor escribe a: mariaantonieta.solorzano@gmail.com)
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Publicado originalmente en El Espectador.
Fuente: De2Haz1
lunes, 30 de noviembre de 2009
SAWABONA -sobre estar solo-

P.D. El significado de SAWABONA, es un saludo usado en el sur de Africa y quiere decir:
"RESPETO, YO TE VALORO, Y TU ERES IMPORTANTE PARA MI".
Como respuesta las personas dicen:
SHIKOBA, que es
"ENTONCES.
YO EXISTO PARA TI"
(Por Flávio Gikovate, médico psicoterapeuta Brasileño)
viernes, 9 de octubre de 2009
Volver a los orígenes

miércoles, 23 de septiembre de 2009
Evasión (II)

No todo lo que sucede es nuevo, he de decir que hay elementos que se combinan con lo que hoy siento, y no es que quiera complicar las cosas, siempre he intentado simplificar. Incluso cuando el esfuerzo en hacerlo me ha llevado a ciertas complicaciones. Lo que se suma no es ni más ni menos que viejas inquietudes de llegar a sentirme bien con lo que hago, por hacer todo aquello que me permita desarrollar las ideas en las que creo.
Muchas veces en los amaneceres de los días encuadrados en rutinas, me pregunto sobre los deseos de tanta gente al levantarse. Veo el fastidio, la desazón, la indiferencia de muchos. De repente parecía que por algún lado conectaba con este u aquel y al tiempo su aliento parece lejano, ya no está. La evasión es un estado de ánimo, me dijo un amigo categóricamente. Cada uno desde su escalón evolutivo en el que esté sentado, arengue a los estratos inferiores, y me refiero a las masas nubosas, uniformes y bajas, de color gris y de poco espesor, constituidas por pequeñas gotas de agua, aunque en ocasiones también presentan diminutos cristales de hielo.
Pesada resulta la letra, cansada la lentitud que va envolviendo una idea ya vieja y reelaborada al momento de llegar a un atisbo de su esencia por medio de la escritura. No somos dioses. ¿Pero y si lo fuéramos? Qué gigantesca y ciclópea frustración. Ay, no me alcanzarían los días para hacer prodigios, pero al final sí me alcanzarían; aunque como Dios debo ser modesto y no ser muy consciente del poder, esto lo justificaré perfectamente con la inmortalidad. Claro que después miraría de reojo que tipo de mortalidad posee el dios de al lado. ¿Es de última generación? ¿La maneja bien o se le descontrola cada dos por tres? ¿También hay competencia de prodigios? –Que el mío es más espectacular que el tuyo- el otro replicándole: -Sé humilde que el mío es más sincero-. No, ciertamente no tenemos ni idea del fenómeno.
Ahora, ante la ausencia, el vacío, me debato como cualquiera. Voy y vengo con la ceguera habitual pero agravada por la ausencia. Grandes tribunales juzgan esto o aquello; peleas dialécticas por una justicia que hace tiempo dejamos de ejercer.
Ya es viernes, muchos se dirigen a la salvación. Vomitando toxinas de oficinas, estudios, consultorías, talleres o fábricas, no hay distinción para los claustros de nuestras virtudes, hipotecas del futuro. Otros, tal vez muchos, desandan el cordón de la vida y establecen un domingo de muerte y un lunes de resurrección mientras el sábado quedará allí, hecho un ovillo sin extremos. Los procesos naturales se suceden como todos los días, solo perturbados en su trayectoria por esta nube humana que se niega a comprender.
Y pasan semanas, ya es un miércoles de otro tiempo, de otro instante. Los claroscuros siguen sin definirse, ya que esta es la vida que creamos; una caña más y a discutir por donde coger lo inmediato siempre que no queme. Comer, comer con varios aditivos, conservantes, antioxidantes, muchas Es y sus correspondientes números como si los consumidores recibieran un reporte de los efectos de cada E, y siguiendo. Las víctimas de un mal incognoscible investigado por la industria farmacéutica siguen cayendo en el vórtice de las estadísticas mundiales, nadie predice nada y la cloaca digital de alta definición nos prodiga su periódico baño de estiércol de diseño trendy.
Pero no nos perdamos por delinear lo cotidiano, lo que reafirma nuestra búsqueda; seamos constantes con nuestros instintos más auténticos. Ya se respiran otros aires evolucionando vertiginosamente en los canales de la civilización occidental. Alguien descubrió ciudades subterráneas en
Lpl’09
martes, 22 de septiembre de 2009
Evasión (I)
Cuando de repente me doy cuenta que soy el artífice de las estructuras, es tanta mi alegría; hasta creo presumir de entendida voluntad. Pero no, al rato me doy cuenta que debo seguir luchando, que estas alegrías son efímeros laureles y lo que a veces no sé es si quiero lo que se me presenta por delante.
Con la cabeza en posición reflexiva ordeno los elementos que me rodean, el teléfono está en su lugar y aun así necesito comunicar hacia donde siempre da ocupado (o comunica, como dicen por aquí que no es allá). Esta mesa que sostiene firmemente el papel mientras abro surcos rasgando una parte del día con la intención del todo es donde las formas aparecen quietas y la responsabilidad del movimiento me es reflejada por ellas.
Juro que intento apaciguar mis ansias y no salir corriendo por el amplio horizonte de la evasión. ¡Ah, qué humana y dolorosa suele ser! La evasión, digo. ¿Y el fenómeno de estar sentado respecto del fuego consumidor del movimiento? Ciertamente los límites están para saltárselos y qué bien sienta esto. Un salto, un vacío, el temor asumido en el mismo acto, la bocanada de éxtasis que termina en el estómago cuando nació del corazón, descubrir y volver a empezar.
Pero decía que alrededor están las formas; no todas están quietas y algunas hasta tienen estrecha relación conmigo. Y digo relación por intercambios. Sin embargo por momentos me mantengo al margen de mí cuando estos intercambios acontecen, me convierto en mero espectador, en testigo omnisciente, para luego mirar los retratos que congelan instantes, como esas fotos que no reconocemos haber tomado alguna vez.
Estoy conforme. Por momentos, estoy conforme. Y es cuando llega el momento de la abstracción, me entrego a él y transito por el filo del nexo cotidiano. Hasta podría sostener que este es el universo de la vida. Pero depende en que momento me lo plantee. Podría ser, pero hay tantas posibilidades… Ahora mismo estoy siendo el juez de lo que no comprendo. ¿Es posible juzgar estas palabras? Ciertamente estas, como muchas otras, ya lo habrán sido. ¿Porqué entonces ese miedo a decir?
La cuestión es que me mueva hacia donde me mueva, la reflexión es básicamente la misma. ¿Es monotemática la vida o la vida me ha hecho monotemático? ¿Soy un mono?
Quien puede decir que no lo soy solo porque me lo pregunto. Y como Quien es una de las formas más respetadas con quien nos relacionamos puedo seguir cuestionándome quien soy yo.
En este momento hay muchos quienes a mi alrededor, y mira que los dejo discurrir sin presentar el menor obstáculo. Hoy es martes y el lunes ya pasó. Me gusta esto de poder pasar. Forma parte de aquel hilo cotidiano o de este, si se prefiere.
Recuerdo un momento álgido de mi vida donde cuestionaba mis sensaciones y terminé asumiendo la mutación de crecer. Cambian las texturas, la realidad se hace más dura, más real (?). Caminaba y seguía sintiendo el suelo, pero cada vez más lejos. Más cerca estaban mis heridas. ¡Ay, horizonte de evasión como te fuiste ampliando!
Pero hoy era martes creo, y ya pasó. No, aun no. ¿Porqué adelantarse? Mi cabeza sigue en posición de reflexión y yo la dejo es cómodo.
(continuará)
Lpl'09
viernes, 28 de agosto de 2009
martes, 21 de julio de 2009
COLORADOS

Cuando empecé a fumar, mi primer cigarrillo fue un Colorado; aun puedo recordar el suave aroma de la combustión exacta como acostumbraba llamarla. Me enganché en la secundaría, en el club que se organizaba en los baños. Se urdían las más ingeniosas artimañas para dispensar el faso en las inspecciones periódicas, el denso humo siempre cantaba. Realmente yo no lograba animarme a fumar en el baño, siempre terminaba haciéndolo afuera del cole. El exhibicionismo típico de la edad no me duró mucho, creo que lo desarrollaba en otros aspectos como el sexo por ejemplo. Al tiempo, compraba mi propio paquete de Colorado y lo escondía celosamente en un campo de mandarinas, bien aislado por plásticos y enterrado en una vieja caja de lata, bajo tierra.
Mi placer era vespertino y privado, y no todos los días. Me iba al campo de mandarinas al atardecer, mientras en los parlantes del Club Social y Deportivo de Parque Rivadavia, José Larralde desgranaba su prosa telúrico-gauchesca de hijo guacho y lecciones que da la vida. En los alrededores de ese mismo campo, tuve mis primeras citas serias, puesto de punta en blanco para caminar apenas unas cuadras buscando el amor. Se llamaba Elvira.
Y el cigarrillo, ese compañero que hoy denostan y prohíben todo lo que pueden los gobiernos en aras de la salud, me sirvió de mil formas a lo largo del camino, moneda de cambio en las circunstancias más extremas, cura casera del aire en el cogote, contador de tiempo en las estrategias barriales, testigo de los secretos más inconfesables, de las tensas esperas, de las esquinas en penumbra, de los experimentos de todo tipo, de la chamanería del Ekeko que se lo fumaba sin chistar y de una.
En aquellos días tener un faso era un capital, al menos es lo que sentí en ciertas ocasiones, cuando rodaba la calle y era muy común pedir un faso. En Brasil, donde los Pivetes do cafesinho los vendían por unidades para degustar el café e cigarro aí era la fortuna callejera. La combinación perfecta del que vaga, vaguea, o se deja llevar por los caminos.
Mi viejo fumaba Cliffton, marcas desaparecidas ya, Saratoga, Imparciales, tantas otras que eran motivo del corto paseo a comprarlos mandado por los adultos. Qué fácil era entretenerse en esas incursiones fuera de programa. Otra vez los ámbitos por explorar aunque se haya pasado mil veces por ellos; el detalle de un día diferente podía recrear un momento nuevo. La vez que fui pillado infraganti por mi viejo fue un episodio que recuerdo muy bien, marcó un hito. Lejos de recibir la paliza a la que me había acostumbrado solo supo quedarse sin gesto como si le hubiese abandonado el instinto de sus convicciones de cómo se debía educar a un chico. Mi total indefensión y miedo se quedó en un estupor e incomprensión, mientras no sabía que hacer con el cigarro en la mano. Los que siguieron fueron días de expectación por el castigo que nunca llegó. Paradojas de mi corta e intensa adolescencia.
Mi padrino fumaba Kent 100mm, eso era categoría. Su perfil intelectual de profesor sesudo e inflexible le confería a la elección de dicha marca un status aparte. Los Commander formaron parte también de sus preferencias pero era el Kent los que más perduran en mi memoria. La asiduidad de su fumar hacía que anduviera siempre con varios paquetes y que su dedo índice tuviera una leve pátina amarilla. No había lectura sin cenicero ni consejos sin cortina de humo, esto último nada que ver con la ocultación que sugiere, ya que abrió mi adolescente cabeza a aspectos que para nada estaban presentes en mi entorno inmediato. Mi primer libro de historia del arte fue regalo suyo así como mi primer concierto de música clásica, elementos que sutilmente expandieron mis sueños a tiempos en que la civilización tal como la conocemos tenía comienzo; el futuro me habría de llevar por otros caminos, pero las huellas de sus enseñanzas en torno a un Kent 100mm han estado siempre presentes en mi vida.
En las tardes que se juntaban con las noches, el faso aparecía encastrado entre las cuerdas del diapasón de mi guitarra. No sé a quien se lo ví primero, tal vez a un violero zarpado de la curva Rivadavia o al legendario Pichacho, personaje que a veces me pregunto si realmente existió. Venía los fines de semana desde la capital a tocar con otros monstruos en improvisadas zapadas, donde siempre había un plomo que pedía una pitada. Por aquel entonces mi ferviente atracción se concentraba en la música y mi eterno despertar sexual, así que en aquellas sesiones de puro rock yo no fumaba, ese ritual formaba parte de mi intimidad, de mi campo de mandarinas, de cuando empecé a fumar Colorados.
LPL’09
jueves, 25 de junio de 2009
ASUMIR EL DOLOR... NO EVADIRLO
Vale la pena tener presente que sólo aquellas personas, familias o sociedades que se atreven a asumir con valor la sanación de los dolores que la vida trae, están destinadas a conocer el más alto grado del amor: la compasión. Aquellos individuos o comunidades que se evaden al sentir el dolor que viene de sus experiencias y crean máscaras y armaduras, están destinados a encontrarse con el vacío, la soledad, la falsedad y el engaño.
Por ejemplo, las niñas y niños que soportan matoneo o “bulling” en las instituciones educativas, evaden el dolor al pensar: “A mí no me importa… eso es porque me tiene envidia y ya”. Al trivializar la situación, aparentemente se sienten superiores, pero pierden la confianza en el mundo y los matones pueden seguir actuando sin mayores consecuencias. Los agresores, a su vez, evaden el dolor al convencerse de que el poder que surge de torturar y discriminar a otros los legítima.
Las víctimas guardan en silencio su dolor cuando creen que si los agresores se enteran de su protesta, la respuesta será la venganza. De esta manera, renuncian a su derecho a ser defendidos y se convierten en cómplices del despotismo y la arbitrariedad que en el mundo adulto adquieren las mil máscaras de la impunidad. Desde la callejera hasta la de los gobiernos, donde la justicia se acomoda a las exigencias de los matones, pasando por el abuso a las mujeres o la dictadura de los poderosos.
¿Hasta cuándo vamos a ignorar que los que se atreven al “bulling”, al abuso, a la estafa o la tiranía, también fueron víctimas de algún matón, que también silenciaron su dolor y que en algún momento de la vida dieron la vuelta y se identificaron con el agresor?
Podemos parar esta cadena sin fin, el día en que seamos capaces de asumir con valor las consecuencias del dolor que causamos a otro y la sanación del dolor que nos generan. En ambas circunstancias es preciso dejar de creer que el castigo y la venganza reparan y, más bien, comprometernos con la construcción de un nuevo modo de convivencia en el que nada justifique silenciar el dolor, agredir o discriminar.
Es decir, convertirnos en autoridades reales, entendiendo que ser autoridad tiene menos que ver con mandar a otros y mucho más con ser el “autor”, el creador de una manera de vivir en la que asumir el dolor recibido y generado requiera de nosotros el ejercicio del más alto grado de amor que un ser humano pueda conocer: la compasión frente a sí mismo y frente al otro.
Publicado originalmente en El Espectador. Más en De Dos Haz Uno
lunes, 18 de mayo de 2009
No te Rindas

No te rindas, aún estás a tiempo
De alcanzar y comenzar de nuevo,
Aceptar tus sombras,
Enterrar tus miedos,
Liberar el lastre,
Retomar el vuelo.
No te rindas que la vida es eso,
Continuar el viaje,
Perseguir tus sueños,
Destrabar el tiempo,
Correr los escombros,
Y destapar el cielo.
No te rindas, por favor no cedas,
Aunque el frío queme,
Aunque el miedo muerda,
Aunque el sol se esconda,
Y se calle el viento,
Aún hay fuego en tu alma
Aún hay vida en tus sueños.
Porque la vida es tuya y tuyo también el deseo
Porque lo has querido y porque te quiero
Porque existe el vino y el amor, es cierto.
Porque no hay heridas que no cure el tiempo.
Abrir las puertas,
Quitar los cerrojos,
Abandonar las murallas que te protegieron,
Vivir la vida y aceptar el reto,
Recuperar la risa,
Ensayar un canto,
Bajar la guardia y extender las manos
Desplegar las alas
E intentar de nuevo,
Celebrar la vida y retomar los cielos.
No te rindas, por favor no cedas,
Aunque el frío queme,
Aunque el miedo muerda,
Aunque el sol se ponga y se calle el viento,
Aún hay fuego en tu alma,
Aún hay vida en tus sueños
Porque cada día es un comienzo nuevo,
Porque esta es la hora y el mejor momento.
Porque no estás solo, porque yo te quiero.
Mario Benedetti
N.R.: Hasta pronto Maestro, nos ha dejado lo mejor de Ud., no nos rendiremos...
Lpl'09
sábado, 25 de abril de 2009
Ley del Ritmo
Esta simetría armoniosa está también dispuesta en hologramas, que son, en este caso, ciclos dentro de ciclos. Un hombre, por ejemplo, a nivel microscópico vive el ciclo de vida de sus células, y simultáneamente el que marca los cambios en su cuerpo, desde el nacimiento hasta la muerte. En el mismo momento le estarán afectando también: el ritmo propio de la Tierra, que divide su vida en día y noche, actividad y descanso. El almanaque lunar de 28 días, que rige la fertilidad de la mujer. La rotación de la Tierra alrededor del sol que causa las estaciones. Y los ciclos de explosiones solares cada 11 años, que provocan niveles cambiantes de electromagnetismo.
Para percibir los ciclos del macrocosmos nuestra capacidad está limitada por el tiempo. Entonces estos nos afectan, ya no como individuos, sino como especie. Cuando a nivel cósmico un ciclo se completa, todo el universo, incluido nuestro sistema solar, experimenta un cambio de nivel. Ocurre un salto cuántico hacia una realidad más refinada y expandida. Esto lo comprenderemos fácilmente si tomamos como modelo un ser humano. En un hombre estos saltos cuánticos ocurren cada siete años. Entonces en muy corto tiempo un ser humano se transforma: a los 7 años en un ser racional, a los 14 en el adolescente, y luego a los 21 ya es adulto. Así mismo le ocurre al universo. Con cada etapa cósmica cumplida el Todo se transforma, y esa mutación se evidencia también en cada una de sus partes.
Este es el milagro del momento en que vivimos. Estamos ahora saliendo de la noche cósmica y renaciendo a la luz de un nuevo día. En estos últimos años de transición estamos observando como nuestro pequeño mundo azul, rebozante de vida, vive un momento dramático de cambio. Somos nosotros, los hombres de esta generación, quienes seremos los testigos de este salto trascendental, que en pocos años llevará la vida, que la Tierra alberga, a un nivel superior de existencia. Y en el caso de la raza humana al completo despertar espiritual, que abrirá su corazón al universo.
En lo profundo de su ser cada miembro de la familia humana sabe que estos no son tiempos normales. Muchos juzgan con la visión miope de quienes no perciben más allá de lo aparente. Por eso no pueden apreciar que el exceso de violencia tiene como segura consecuencia el retorno del péndulo a la vivencia plena de la paz, y el amor. Esa es la próxima etapa que nos corresponde, y su visión seductora ya debe comenzar a anidar en nuestra mente, desde donde debemos apoyarla y nutrirla con todo el poder del pensamiento.
Consideremos entonces las amenazas que surgen en nuestro entorno solo como fantasmas del pasado, que todavía nos espantan. No les hagamos caso. Abandonemos la percepción de sombras y tristezas, como un niño deja sus juguetes cuando la adolescencia le despierta a nuevos intereses y experiencias. Abrámonos plenamente a las grandes olas de renovación y cambio. Rindámonos al susurro mágico que convoca a la familia humana para despertar y asumir un destino de Luz que nunca estuvo ausente, sino solo dormido.
miércoles, 1 de abril de 2009
Para Don Raúl

Por eso hoy es un día de duelo Nacional Argentino, Don Raúl se lo merece y de todo corazón desde esta distancia, desde otro plano de mi vida, le deseo que descanse en paz y el cielo le de lo que los argentinos no supimos darle.
domingo, 15 de marzo de 2009
El Esencial Cambio de Paradigma
Desde la terraza de casa veo evolucionar las bandadas de aves en su trashumancia. Siempre he admirado su vuelo describiendo la clásica V concediéndole a los cielos la poética del viaje, durante el amanecer, durante el día, incluso al atardecer, pero en los últimos años por la noche, en la oscuridad.Me habían instruido sobre aves nocturnas, unas muy especiales que desarrollaban sus actividades de noche. En las noches de mi infancia en el litoral argentino, internado en los pajonales de las islas del delta en la búsqueda de carpinchos, era usual encontrarse con alguna lechuza en un chañar. Pero estas que hoy veo son aves que suponía viajaban solo de día.
Tampoco los pájaros en mi infancia cantaban de noche como si estuviera amaneciendo y hoy puedo escucharlos bastante a menudo desgranar sus melodías en la penumbra. A Juan Salvador Gaviota lo desterraron de su bandada por asegurar que una gaviota podía volar de noche. Sometido al escarnio de la bandada, su propia comunidad, voló hasta conseguir trascender a la estrechez de su tiempo.
Este verano, obedeciendo a mi naturaleza conservacionista para con los insectos, me disponía a salvar una mariposa que se había precipitado en la piscina tal vez interceptada en su vuelo por alguna repentina ráfaga de viento o alguna mala maniobra. La pobre no cesaba de aletear dando vueltas en círculos hacia la que yo creía una muerte segura. Mientras buscaba el mejor ángulo que me permitiera alcanzarla con el cedazo de hojas para rescatarla, la mariposa en una ágil maniobra, sacudió sus alas en un ángulo distinto al que venía desarrollando y despegó del agua volando alegremente de un lado a otro; con sorpresa y alegría me maravillaba de su fuerza, su acto heroico, pero tras un instante de observarla descubro con preocupación que vuelve a precipitarse cual kamikaze directa al agua y a describir los mismos círculos, y otra vez con decidida agilidad remontó sobre la situación. ¡La mariposa estaba nadando!
Más allá del fenómeno sorprendente y de las razones científicas de estos comportamientos de la naturaleza, estos pequeños hallazgos me llevan a pensar en todas las veces que he respondido a situaciones en mi vida con el mismo y repetitivo mecanismo, cuantas veces me he ahogado en un vaso sin agua, los momentos donde no encontré el ángulo por el que poder cambiar la trayectoria de mi vuelo. Pareciera que nos encontramos avocados a la repetición de actos que aborrecemos de nosotros mismos.
Personalmente he podido reflejarme y enfrentarme a mis mecanismos, para descubrir con el tiempo que siempre me he tenido que dedicar a ello con tesón para obtener verdaderos resultados. ¿Quién puede realmente saber qué momento de su pasado han influido para caer siempre en la misma autocompasión? Debemos prestar más atención a las cosas que nos disgustan para saber qué debemos cambiar de nosotros mismos.
Pero volviendo a los pájaros, a nuestra arrojada mariposa, a los actos heroicos, si realmente la percepción de la naturaleza está cambiando a nuestro alrededor, si nuestro mundo en confusión de valores y sumido en la maraña de nuestra creación también está cambiando, ¿no será que nuestra conciencia planetaria también lo está haciendo?
En la filosofía del wabi-sabi japonés la verdad viene dada en la observación de la naturaleza, esta es la lección que el universo nos muestra en toda su vastedad y simpleza. Y me pregunto, ¿o será que toda la creación nos impele a que veamos lo más simple y obvio, lo que ha estado siempre ahí?, nada permanece, todo está en continuo movimiento y transformación; hemos querido poner principio y final a todo, y nada lo tiene.
La pregunta es ¿podremos como la mariposa o los pájaros de vuelo nocturno hacer algo distinto a todo, a todo lo que hemos hecho, a todo lo que somos? Levantarnos una mañana con una mirada distinta y permitir que pasen cosas que rediman el día.
En esta era de ingente información y corazones solitarios en la gran muchedumbre los pequeños actos son titánicos pasos hacia una unidad que ya no podemos eludir. Así como la libre mariposa de Bodrum puede nadar, quizá debamos los humanos aprender a volar. Ya es hora.
LPL’09
miércoles, 4 de marzo de 2009
Hombre de Conocimiento

Según Don Juan, el brujo yaqui que instruyó a Castaneda en los '60, hay cuatro enemigos del hombre en su camino a la sabiduría (para ser un Hombre de Conocimiento, según sus palabras), y aun venciendo a estos cuatro enemigos no hay garantías que esta sabiduría o el status de hombre de conocimiento se mantenga hasta el final de nuestros días en la tierra.
El primer enemigo es el miedo, quien no supera su miedo no puede ni siquiera echarse a andar al camino para su búsqueda y así podemos pasarnos gran parte de nuestras vidas. Cada uno tiene su propia concepción para la superación del miedo, pero en su gran mayoría está relacionado con ocuparnos demasiado del exterior y olvidarnos de la fuente interior, y entretenidos en lo banal no reparamos en lo esencial que es plantarle cara al miedo. La mayoría de nuestros miedos se basan en el temor a no poder, en la inseguridad del ser o no ser.
El segundo enemigo, una vez superado el miedo, es la claridad. Al desaparecer el miedo todo se nos presenta perfectamente definido por la seguridad de ser, nada es imposible para nosotros y pensamos que desde esta posición estamos tan afianzados que nada ni nadie ya puede tocarnos, desde las empresas más arriesgadas hasta la imposición de reglas a la medida de nuestro poder, y es ahí donde se esconde el tercer enemigo: el poder.
Nada más ejemplificante que mirar a nuestro alrededor, contemplar esta época convulsa y contradictoria, donde el poder de ayer es la tribulación de hoy, para entender que la humanidad se ha dejado dominar por este enemigo subyugante no sin antes haber utilizado los anteriores enemigos como aliados para ejercer la supremacía del tercero. Se puede decir que como tantas otras veces en la historia de guerras y conquistas. Pero esta vez el nivel de consciencia no nos permitirá desentendernos de lo que pasa.
Hay un cuarto enemigo, el que se encuentra una vez superado el poder por medio del equilibrio que da la humildad y la buena administración de nuestro poder, y este es la vejez. Una vez superadas las tentaciones del camino, haber aprendido de las batallas contra estos formidables enemigos, nos encontramos con la finitud de nuestra trayectoria vital, con la realidad biológica de nuestra condición humana. Pero incluso este aparente infranqueable obstáculo que en nuestros días se maquilla con superficiales cirugías y mágicas recetas de spas y tratamientos ayurvedas, también se doblega mediante el sabio disfrute de los días y el abandono progresivo de las actitudes que nos debilitan en la relación con los demás, en la comprensión de la naturaleza del mundo y de nuestra misión planetaria. Reaccionado con el amor a la vida, a la naturaleza misma, que somos nosotros ya que solo nos diferencia la razón.
Después de muchas vidas, después de una buena vida, siempre hay más vidas, y es muy fácil abandonarse a la siesta de la ignorancia o decir 'me cansé', bajarse en la próxima, o seguir a la jauría.
Hoy, asistimos a la ceguera de no asumir lo que realmente pasa, y desde diferentes puntos del planeta, la sociedad, las personas comienzan a actuar como si en algún punto del día retomáramos el camino del conocimiento y algo se nos revela a cada paso.
La vida no es esperar que pasen las tormentas, si no bailar bajo la lluvia, según dijo un anónimo voluntarioso que seguramente vivía en Bahía... o en su sitio.



