He publicado algunos post originarios de una publicación de un amigo colombiano, Santiago Mariño, que puntualmente nos envía el boletín de De2Haz1, pero siempre lo he hecho solo de la columna principal que suelen ser escritos de personas con mucho por compartir y con una sabia temática para y por la vida; digo esto porque esta vez incluyo el comentario previo de Santiago al sentirme desnudamente identificado. Os recomiendo pasaros por De2Haz1, ahí hay buena energía, onda o como queráis llamarle. Gracias Santiago. Lpl
"ser agradecido desencadena la plenitud de la vida, convierte lo que ya tienes en suficiente, y trae paz al ahora" Melody Beattie
¡Hola! La auto-observación que cada quien hace de sí mismo debe ser constante y permanente. Bajar la guardia en este aspecto es un lujo que no podemos permitirnos en estos tiempos.
¿Te estás permitiendo salirte de tu zona de comodidad? ¿O eres un juguete del deseo de tu mente por mantener el control?
¿Te auto-observas sin crítica? ¿O cada vez que te pillas un comportamiento que no te gusta te juzgas y te das palo (y de paso fortaleces el poder que tu mente ejerce sobre ti)? En servicio,Santiago Coach en Inteligencia del Cambio www.SantiagoMarino.com
Solidaridad y Sabiduría:
EL SENTIDO DE SENTIR, por María Antonieta Solórzano
El año pasado, con ocasión del terremoto de Chile, la noche de ese domingo apareció en un noticiero un hombre que llevaba sus pertenencias en una bolsa. Iba camino a un refugio y cuando los periodistas le hicieron la típica pregunta de ¿cómo se siente?, él contestó: “Esto hay que aceptarlo y seguir adelante porque la naturaleza es así”.
Este hombre parecía invitarnos a entender que la naturaleza es incierta, que hoy se tiene pero mañana no, que la serenidad es el estado mental donde el contacto con lo esencial puede aflorar. Pero, en contraste, lo que nos ocurre es que aceptamos vivir inmersos en las angustias y ambiciones de luchas por el poder en el seno del hogar o en la arena política.
Al buscar los privilegios igual podemos, en la vida familiar por ejemplo, contarle al grupo de los “malos” del colegio un secreto de un hermano y convertirlo en el hazmerreír del curso. O, desde lo político, hacer coaliciones donde los adversarios pueden perder desde su prestigio hasta la vida.
Hace más tiempo, con ocasión del terremoto de Chile de 1960, una niña de 11 años que se sintió conmovida con la situación le pidió a su padre que pintara un cartel con unas manos pidiendo ayuda para los afectados. Ella escribió su nombre y esperaba que sus compañeros la ayudaran a recolectar cosas. Llegó al colegio y puso el cartel en lugar visible. La directora de curso lo arrancó violentamente, fue hasta el salón y la regañó por su deslealtad y sed de protagonismo. La niña no debía hacer esas propuestas a título personal, sino a través de ella que era la autoridad.
La iniciativa se llevó a cabo a nombre del curso, con el compromiso y la motivación humillada de la niña, pero con el crédito para el adulto responsable. La actuación de la profesora estaba dentro de los cánones de nuestras formas de convivencia: el que tiene poder lo usa para ganar prestigio y privilegios. Al que no lo tiene hay que confundirlo, decirle que cuando siente solidaridad con los desposeídos es desleal y después sacar ventaja del sentimiento de culpa generado en esta estrategia.
Curiosamente, los desastres naturales ponen al descubierto una realidad más profunda: nada que se consigue con las artimañas del poder dura para siempre. Sólo podremos construir una sociedad capaz de enfrentar la adversidad inevitable, cuando desarrollemos la humildad y serenidad suficientes para apreciar que la solidaridad y la sabiduría son más esenciales a la vida humana que el prestigio y el poder.
(María Antonieta atiende consulta individual y realiza otras actividades relacionadas con su práctica profesional según se le solicite. Para mayor información, por favor escribe a: mariaantonieta.solorzano@gmail.com)
«Aquí me pongo a cantar al compás de la vigüela, que al hombre que lo desvela una pena estrordinaria como el ave solitaria con el cantar se consuela...».
-Martín Fierro de José Hernández –
Quiero empezar el año rompiendo el silencio de mi blog, silencio que no pretendo justificar al romper el silencio. Quizá por eso empiezo con la primer estrofa del Martín Fierro y como ave solitaria con mi cantar me consuelo.
El pasado, ha sido un año complejo, por dentro y por fuera, en las orillas y en alta mar, en la montaña y en el valle, para terminar en una llanura inmensa e inabarcable que no promete nada y a la vez atrae, incita, impulsa a caminarla sinfín. Como la Pampa de la Historia Argentina de Fresán, como la Pampa de mis sueños recurrentes donde sobrevuelo su inmensidad.
No pretendo tampoco hacer un balance exhaustivo de estos doce meses donde el tiempo no es exactamente lineal, si no ondas a veces más pronunciadas, otras plegadas y replegadas dando la sensación de inmovilidad en los momentos aciagos. Esos momentos que algunos llaman bajón o depresión, pero que yo identifico o proceso más como reflexión, esa reflexión que produce la hemorragia verbal de lo largamente contenido; como el punto donde recobro la energía y disposición suficiente para salir de mi mismo para poder contarlo. Ondas suaves en otros momentos que atraviesan mi cuerpo transformándome... No, no me gustan los balances, siempre tan relativos.
«Yo he conocido esta tierra en que el paisano vivía y su ranchito tenía y sus hijos y mujer... Era una delicia ver cómo pasaba sus días»
-Martín Fierro de José Hernández –
Ya nada es lo que era, las rutinas de la humanidad se han visto trastocadas por un vendaval de acelerados cambios, unos provocados otros fortuitos, pero son cambios de largo alcance, cambios que no terminan aun de asentarse y que aun traerán más cambios, y que obliga a la mayoría de nosotros a ser concientes de que algo diferente está pasando. Más allá de nuestras creencias y experiencias, más allá de todo lo conocido; esto nos lleva a un permanente ‘revival’, a recrear con fruición lo que fuimos, lo que sentimos en el pasado, léase: libros, música, moda, objetos, personajes... nuestro mundo actual, pese a la tecnología, es un permanente mirar por el retrovisor hacia tiempos más amables, más amados. En definitiva, que se agotaron todos los manuales, todos han quedado obsoletos ante lo que vendrá.
Esta es mi perspectiva, mi punto de vista, mi sentir. Esto es lo que he vivido en este 2010.
En lo personal, la satisfacción de haber podido arrancar con un modo de vida diferente, donde el trabajo se compagina con el desarrollo personal. No es sencillo teniendo en cuenta los tiempos que tocan, ni tampoco exento de riesgos y dificultades, requiere una cierta dosis de arrojo y de replanteamiento del estilo de vida convencional. Ciertos desajustes familiares, la satisfacción de haber retomado el contacto con familiares y amigos en tierras lejanas. El poder dedicarme totalmente a crear formas de hacer mejores los viajes, el estar en constante movimiento. Muy adentro la misma búsqueda que provoca la insatisfacción de la existencia, siempre con la certeza que hay algo más. Algo más, que al final es la inmensa Pampa.
Queridos afectos, amigos y blogueros que el 2011 nos depare lo mejor de nosotros mismos, que se cumplan la mayor parte de nuestros deseos (no siempre se puede tener todo), disfruten de la vida, de los amores y de los placeres.
No se puede estar en todas partes. Tal vez en un estado diferente ese anhelo termine por ser realidad, y todos podamos compartir las experiencias de todos, ser finalmente unidad. Mientras, hay esto, esta ansiedad de saber que en todas partes pasan cosas, ansiedad tenuemente aplacada por los cotidianos triunfos de nuestros pequeñísimos mundos particulares. En muchos otros momentos malogrados por la densidad del sistema.
Política y economía del ser que no termina de entender que estamos al final de un camino que comenzó hace mucho tiempo, cuando no había fronteras y la premisa era solo sobrevivir, casi estamos volviendo a lo mismo, solo que más sofisticados: ahora podemos camuflar nuestros primitivos instintos de supervivencia a través de modernas tecnologías que hacen que el día a día sea más llevadero.
Aun así de todas partes me reclaman. Me reclaman los recuerdos, que a vecesparecieran no ser del todo míos. Me reclaman los lugares en los que alguna vez he vivido intensamente. Me reclaman las historias que de tanto repetirse quieren ser fábulas, leyendas, mitología, historias urbanas de mi propio ser. Me reclaman los caminos, los trayectos y sus paradas. En fin, todas las voces que alguna vez pronunciaron mi nombre, para bien o para mal; todos los contactos y todas las caricias, afectos y amores.
Tuve que viajar tanto tiempo y tan lejos para comprender algo que llevaba dentro; desde este punto, como el viajero que toma resuello a la vera del camino, me paro y sigo mirando a mi alrededor con la curiosidad del niño que aun soy, para descubrir una y otra vez la maravilla de la creación.
Tienes que ser más creativo, dicen por ahí, y la creatividad no es más que un momento inspirado por ese detenerse y mirar, mirar viendo y aprehendiendo ya no solo con la vista si no también con el corazón, despojado de todo deseo, en paz con el pasado, armonioso con el presente, sin inquietud por el futuro.
Hemos perdido la heroicidad de vivir, nos conformamos con victorias digitales y glorias de plató. No está mal que el ocio distraiga masas, pero es decepcionante que solo nos quede esto y que la humanidad le cuesta dar el paso de asumir el inmenso fracaso de la civilización, abocada al conformismo de que siempre puede ser peor, que vivimos en el mejor mundo posible. Que la democracia hoy dominada por los mercados, entes convenientemente invisibles pero con nombres y apellidos, es la única alternativa al caos es una falacia utilizada para dominar a esta masa que creyó que el Cayenne y la casa con piscina era para todos (sic), que la isla privada es un derecho, e innumerables materias fecales más... mientras los desechos no son vistos todo luce inmaculado para regocijo de las clases, pero ya casi no queda sitio donde esconderlos.
Definida por la filosofía como un problema metafísico u ontológico, la realidad ha propiciado ríos de tinta intentando ponerle nombres y apellidos para que sea tan real como nosotros mismos. Otros en cambio, han hecho constar que solo en relación a la experiencia podemos adquirir una idea justa acerca de lo que es la realidad, es decir pienso, luego existo, ergo vivo luego existo. Arrogarnos el derecho de pensar ya es en sí mismo una trampa del ego.
Kant nos dice que el postulado para el conocimiento de la realidad de las cosas, exige una percepción; por consiguiente una sensación acompañada de conciencia del objeto mismo cuya existencia ha de conocerse, pero es preciso también que ese objeto concuerde con alguna percepción real según las analogías de la experiencia, las que manifiestan todo enlace real en la experiencia posible.
Experiencia, lo que vivimos desde nuestro nacimiento con mayor o menor conciencia, es moldeado por un sinfín de factores ambientales y de tiempo lineal. Mi experiencia de vida en diferentes países me han forjado un carácter abierto, pero mis vivencias son de una Argentina de hace más de 20 años, las de Brasil de hace más de 30, hoy son otros países. Vivo en España con el ambiguo privilegio de haber asistido a su década prodigiosa, no me cansé en estos años de predicar en el desierto acerca de todo lo que había y se estaba pasando por alto como sociedad, que no todo era bienestar económico, que tenía que ir acompañado de un cambio cultural, de como deseaba participar de alguna manera. España se fue a Europa y Europa no la devolvió, y ahora al volver la vista atrás se ve la senda que nunca se ha de volver a pisar ... Si algo aprendí en los viajes, es que nunca volvemos a ninguna parte, por eso siempre vuelvo a los destinos para redescubrirlos.
Y me he metido en estas honduras a raíz de este tiempo convulso que vive mi país adoptivo, que es tan mi país como mi querida Argentina, aunque a los propios nunca se le oiga decir mi país (al principio pensaba que al decir mi pueblo decían mi país, más tarde descubrí que no era así), aquí se dice ‘este país’ lo cual a primera vista libra al interlocutor de cualquier responsabilidad, o al menos del compromiso. Hoy no voy a desgranar este controvertido tema que da para muchos posts, sí lo haré más adelante.
En estos días, de tiempos convulsos como dije antes, disfruto trabajando con el objetivo de salir adelante con nuestro pequeño-gran proyecto de empresa. Pequeño por lo iniciático y grande por la ilusión y como no, la experiencia puestas en ello. Pasé de las grandes corporaciones al camino emprendedor, como muchos otros están haciendo en estos momentos, acicateados, obligados o aprovechando la oportunidad.
En los años que llevo viviendo aquí he conocido muchas personas del sector en el que trabajo, conocidos y amigos, la misma dinámica cambiante y evolutiva del turismo se me antojó como una rueda, ya que siempre te vuelves a encontrar con las mismas caras, y con quien negociabas arduamente para que te provea un servicio un año quizá al siguiente te estaba comprando a ti, o bien el que desde su ámbito de poder rechazó tu candidatura a un puesto a la vuelta de los años ha venido a pedirte trabajo, y así un sin fin de situaciones de lo más diversas. Siempre me he caracterizado por el trato franco y la aplicación de una ética profesional siempre adaptada a los tiempos, por lo cual se me podrá tachar de muchas cosas pero nunca de incoherente. Y esto viene a cuento de cómo cambian las personas según sea tu situación de ventaja o desventaja respecto de lo que puedas aportar, según la subjetiva experiencia del otro (las analogías de la experiencia), y en estos días de reconectar con las personas que me pueden ayudar en mi andadura, compruebo una y otra vez cuan vigentes son mis percepciones. Actualmente estoy recibiendo más ayuda desinteresada de otros países que del mío propio, donde todo el mundo está ocupado con una crisis que tiene más de depresión social y ‘sálvese quien pueda’ que de un mea culpa y empecemos a movernos (juntos) para poder salir. Y esta ayuda puede ser una palabra de aliento, un apoyo incondicional, un apoyo comercial o meramente una palabra amiga, porque ayer, hoy y mañana, seremos siempre los mismos. Esta es la realidad, y en el camino nos seguiremos encontrando, y esto los saben todos aquellos que me conocen, siempre he sido agradecido y aun en mis picos más altos de stress laboral, nunca me he negado a ayudar a quien lo necesitaba.
No sé cuantas veces he ido al ya desaparecido cine Ritz de Buenos Aires a ver Woodstock en la trasnoche, entre otras tantas escenas para la posteridad, una de las canciones a mi entender mejor versionada de la historia está ahí, interpretada por un Joe Cocker pasado de rosca. Han pasado muchos años desde esos lejanos 70 y desde luego mi alma aventurera que siempre ha viajado se ha resistido de mil formas a sentar cabeza. Aunque he dado muchas vueltas y ha sido difícil seguirme la pista, las personas queridas siempre han estado en mi memoria y en mi corazón, y en homenaje a ellos y a estos tiempos, me quedo con la parte más bella dedicándoles este With a little help from my friends que me sigue sonando con la misma emoción que la primera vez. Esta es mi experiencia.
Muchas veces mis propias palabras se quedan huérfanas de significado, y no precisamente porque pierdan el sentido al repetirlas como cité en otro post donde rememoraba juegos de mi infancia, es algo más inmediato, es algo que se siente con desazón y tristeza; la palabra se desgasta y ya los receptores se tornan meros compañeros de asentimiento y corroboración, actores que junto a mi participan del enloquecido juego del vacío cultural del día a día. Si, suena crudo, violento, casi un insulto contra la bondad de tantos escritores buenos y también malditos o incomprendidos que hicieron de ellas, de las palabras, un monumento a la belleza expresiva del ser y no ser al volcarlas al papel.
Hago esta reflexión desde un momento de incomunicación verbal, donde la letra es la única que acompasa mi sentir, como la sombra sigue a mi figura por cualquier camino, una compañía que no exige más que mi corazón palpite a mi mente el acto siguiente y así explotar de los actos cansados de representar significados, esperando siempre paciente el gran protagonista que será ya el rol definitivo de la existencia. Ninguna expresión por compleja me quita el sueño o me sorprende, puedo estacionarme en ella y divagar por sus vericuetos, puedo dormirme y usarla de almohada, y aun así seguir experimentando la agridulce certeza del no diálogo, la terrible soledad del monólogo.
Así, cuando descubro esas palabras, callo. Como Claudio en Últimas Imágenes del Naufragio de Subiela que las tacha hasta que ya no le quede ninguna, porque al llegar ese momento no necesitará más de ellas.
*[Claudio: Voy dejando... lugares libres en mi cabeza para... llenarlos con cosas nuevas.
Roberto: Si seguís tachando palabras un día te vas a quedar mudo.
Claudio: Ese día no necesitaré hablar.]
Y, cuando callo, comienza la música. Desde siempre pensé que a todo el mundo le sucedía. Pensé que las mañanas de la humanidad se poblaban de música acompasada por los rayos del sol que supo ser mi fuente de energía extra cuando exhausto de pasión corría detrás de los sueños. Hoy esos sueños soy yo mismo y la música sigue, lo que persigo tal vez sea como el final del arco iris que a medida que avanzas siempre está a la vuelta de la esquina, como el futuro, esa ilusión que te venden cuando eres joven para que vayas a por ello como a por la última novedad tecnológica, el centro prometedor de cualquier ciudad de neones y cowboys de medianoche.
Pero la música, ese lenguaje que entienden hasta las estrellas de Sagan, sigue sonando cuando callo, se despierta conmigo después de morar en mis sueños, e irrumpe con cálido desparpajo en cualquier conversación trivial acompañando el contexto de una aseveración, apoyando la mirada inquisidora de mi interlocutor y yuxtaponiéndose entre los pliegues de mi realidad. Esa música que templa mi espíritu puede estar incluso en los ambientes más prosaicos y menos favorables para su ejecución, en una negociación laboral o en un día sin esperanza. Como en la canción para los días de la vida del Flaco, mi duende se abre para que nadie me quite mis canciones porque el silencio sabría a final y la música nunca debe dejar de sonar. Ese refugio de mi mente y gozo de mi corazón que pasa a través de mi vivificando las fibras de mi ser me asegura estar a través del sonido.
La primera vez que ‘vi’ un sonido fueron los de las guitarras de Pink Floyd en Dark Side of The Moon, abrazado a la locura de aquellos años llenos de música en Brasil. Pero sentirlo creo que fue desde siempre. Quiero que la música siga sonando para que mis silencios no pierdan su sentido.
LPL'10
*Extracto de los diálogos del film‘Ultimas Imágenes del Naufragio’ – 1990 - de Eliseo Subiela
En el instante del desfallecimiento intuí que solo me quedaba un sentido, el de la vida y la muerte. Si hace poco más de diez años mi claro impulso fue sobrevivir a la malaria, es evidente que debo hacer algo más en esta dimensión de mi vida, que aun me queda camino y esta experiencia ha sido el acicate para seguir vivo con más conciencia de estarlo.
Por ello hoy celebro ser consciente que a ese algo más vamos a llegar con todos los que amamos y no sumiéndonos en el ostracismo fatalista del que reniega del mundo.
La malaria me sobrevino de improviso como todas las cosas que cambian tu vida, después de un viaje profesional a Costa de Marfil con colegas en el cual fui el único elegido por un anopheles portador del plasmodium falciparum, el más letal de los protozoos parásitos con un índice del 90% de mortalidad. O sea que, poder contarlo me hace un afortunado valedor de ese 10% que sobrevive a tan formidable invasor del cuerpo humano.
Y el desfallecimiento en estos tiempos se da con todas las intensidades posibles, y nos obliga a elegir constantemente, hablo de los que sufren con mayor, menor, grave intensidad. De los que pierden la esperanza por un trabajo arrebatado sin recompensa alguna, por un afecto que deja esta vida, por el desengaño del futuro que nunca llega, por el día a día cada vez más denso y opaco, por las catástrofes ajenas y propias, por el vacío de la existencia...
Esta es la otra malaria, la malaria del lunfardo porteño, la mala racha, el paro, la falta de trabajo y por ende, de dinero, la inseguridad ciudadana (sic) ergo paranoia urbana, la malaria que otrora perteneciera al llamado tercer mundo que paradójicamente también es occidente (nunca supe donde estaba realmente ese tercer mundo si bien, teóricamente, he nacido en él), ahora se ha cebado con el planeta. El sistema colapsa por nosotros mismos, por nuestra civilización.
Cualquiera que viaje un poco, comprobará que para algunos aun subidos en las mieles del sistema, la malaria es una cosa muy distinta para el campesino que le ha usurpado su tierra la misma multinacional para la que trabaja el satisfecho empleado de la urbe. Que sobrevivir no siempre es sinónimo de infelicidad, que una comida frugal en buena compañía puede ser una fiesta mucho más vívida que una degustación en presencia del más prestigioso chef del momento. Que muchas veces dar es más satisfactorio que recibir, aun en la peor de la situaciones. En etapas extremas de mi vida he sido ayudado por gentes infinitamente pobres que me dieron lo poco que tenían para saciar mi hambre (he dicho bien, hambre no apetito) y pude experimentar su alegría al dar.
La malaria que debemos desterrar, es la del espíritu, esa que no nos deja mirar al otro desde otra perspectiva y ejercitar la mirada que no distingue entre razas ni cultura, la mirada sin miedo a lo diferente para poder aprender y aprehender lo distinto. Esto nos hará más ricos y más preparados para afrontar tiempos inéditos, tiempos en los que los viejos paradigmas han dejado paso a un nuevo mundo donde está todo por hacer, todo por reinventarse. La ofuscación de los sentidos no nos deja ver que siempre, siempre hay una salida que nos redime y en el más inesperado momento una mano tendida. No hay que dejar que nos pueda una realidad que muchas veces no es tal. Mirar el día como una oportunidad nos permitirá hacer algo distinto y esto solo ocurre cuando dejamos de compadecernos y agradecemos lo mucho que tenemos y lo afortunado que somos de poder apreciarlo.
Lpl'10
*Ilustracion deM.Escher para la tapa de Invisible (1974)
Amigos y seguidores, estoy ocupado en interminables burocracias al poner en marcha un proyecto propio con vistas a independizarme de un mercado laboral cada vez más complicado; la tentativa me ha mantenido más que distraído de mi cita con este querido espacio. Siempre me digo que no es excusa, que debo aprovechar las ingentes marejadas del día a día y transcribirlas aquí como es menester; acumulo ‘recortes’ para el Árbol de la Memoria sin encontrar tiempo para elaborar, o más que tiempo un estado personal apropiado para hacerlo. Los sueños que persigo y los que en la vigilia transito también deja su huella que hacen mis días más ricos. Pero a veces amalgamar todo esto se me antoja una titánica tarea, editar mi interior, y ahí queridos míos no hay tecnología que ayude.
En plena tarea del día me asaltó un recuerdo. Hace más de dieciséis años que uno de mis mejores amigos dejó estos pagos terrenales en los que todos seguimos luchando por encontrar el camino. Lo hecho de menos. En estos días que las circunstancias me llevaron a materializar un proyecto abandonado desde los lejanos años ochenta, algo que no pudo ser y hoy se me presenta posible, recuerdo con emocionada claridad aquellos días. La vida no siempre te da una segunda oportunidad.
Conocí a Raúl en un viaje a Iguazú, éramos colegas de profesión y coincidimos en Aeroparque (el aeropuerto doméstico de Buenos Aires); periodo de semana santa, alta temporada, vuelos llenos y overbooking en los hoteles, corría el año 1979 con resaca post-mundial 78 y la ‘plata dulce’ de aquel periodo dictatorial hacía que el negocio del turismo como tantos otros fueran boyantes hasta el punto que en destinos como Miami se acuñó el famoso ‘deme dos’, todo lo contrario de lo que ocurría en paralelo con las libertades que en aquel momento eran cercenadas sin piedad, a golpe de falcon verde y allanamientos nocturnos. En el fragor de las facturaciones de los vuelos especiales, Alicia, su compañera a quien yo conocía del sector de los viajes nos presentó. La empatía no acudió a aquel encuentro y después de varias peripecias que son anécdotas comunes a la organización de los viajes en grupo, terminamos brindando amistosamente en el Internacional de Iguazú; flamante y orgulloso por aquel entonces y hoy convertido en un Sheraton con excepcionales vistas a las cataratas.
En el vuelo de regreso, con el cansancio de los intensos cuatro días del pack clásico de temporada y de superar las hordas viajeras, a modo de catarsis nos surgió la idea de los caminos bifurcados, se nos ocurrió pensar que nuestro encuentro e incipiente amistad no eran más que una senda que nadie podría evitar se separara como dos líneas que no están exactamente paralelas. En aquellos años me comía el mundo y podía no haber entendido su reflexión, pero ya a mis veintitrés años había experimentado pérdidas profundas que habían dado vuelta mi pequeño mundo y pude asentir.
Meses más tarde, Raúl desaparecía chupado por la secreta en un viaje en subte (metro) de vuelta a casa, por ir leyendo El Lobo Estepario de Herman Hesse; durante una semana de búsqueda nadie supo nada de él, hasta que días más tarde, apareció liberado de milagro desde una comisaría de distrito que por aquellos tiempos eran los distribuidores de las cárceles clandestinas. Este fue el acicate para que dejara todo lo que estaba haciendo en Buenos Aires y proyectara irse a Miami al poco tiempo, y nuestros caminos de repente se bifurcaran.
Tendimos muchos puentes en las tardes de su casa de Medrano después del laburo, en las reuniones variopintas y los cocktails de turismo en los que intentábamos coincidir. Las charlas de apurada sobremesa en los almuerzos de la City Porteña donde bullía el ir y venir de las transacciones del mercado negro. Allí mezclábamos la situación de las diferentes divisas con sus luchas dialécticas con su jefe o nuestras cuitas con las respectivas mujeres. Pero siempre en todo ello, había una reflexión para aprender, para contrastar y pensar que a veces, uno no esta tan solo. Papas fritas a caballo y una Quilmes eran los compañeros ideales de los mediodías en las comidas rápidas de la calle Florida.
Nuestro proyecto era montarnos un agencia receptiva en Miami, pero mi situación de aquel entonces no me permitió dar el salto. Países y trayectoria vital mediante, nuestro contacto se fue perdiendo en el océano de los días, hasta aquel encuentro en los 90 en Orlando donde ya no eras vos y el mal consumía tus recuerdos.
Allá en tu cielo, donde estés, te comparto que los caminos aunque se separen, no son lineales y el paso del tiempo me reafirma en nuestra búsqueda; que después de treinta años de aquellos fallidos planes, ahora lo vuelva a intentar con la mujer que más amo, hace que los senderos que otrora confusos se perdieron, los vuelva a retomar para alguna vez brindar con vos por la esencia de la vida, por la verdadera amistad que perdura en forma de memoria después de tantos años.
Con Héctor, en los momentos de no hacer nada, en las tardes de siesta entre travesura y aventura allá en el lejano Longchamps de Buenos Aires, nos cuestionábamos una palabra que se nos antojara especial, aunque fuera la más trivial, y la repetíamos una y otra vez hasta que ésta perdía su sentido; también la deformábamos para cambiarle su significado. Así surgieron un montón de ellas que nos expresaban mejor, incluso insultos y picarescas que se presentaban ininteligibles para los que no estaban dentro del juego lo que hacía más deliciosa la complicidad, el poder de la amistad. Hoy que juzgo tan importante la comunicación y que están a mi alcance todas las acepciones del mundo en el idioma que sea, muchas veces me faltan las palabras para expresar el propósito. Busco en los innumerables blogs la sustancia del día de personas conocidas y de colegas virtuales a los que pongo rasgos según sus palabras convertidas en sentimientos, sensaciones, emociones.
Somos nosotros quienes damos sentido y valor a las palabras, somos nosotros que hoy nos estremecemos con la inmensidad de la tarea por la que estamos aquí. Y en los momentos que el 'exterior' nos abandona por la misma dinámica de la existencia que creamos como sociedad, el sentido de algunas se desvanece y de otras cobran nitidez y conciencia. Así, hay palabras que están pero no se expresan y algunas producen culpa justamente por no haber sido pronunciadas. Otras corren veloces por los medios, se equivocan, cambian su forma para entrar en un cuadro de ciento cuarenta caracteres y dar una idea que me lleva a otras palabras que quizá sean un hallazgo o algo intrascendente. Muchas dan alivio y consuelo, y pocas como tesoros me abren la mente hacia nuevos horizontes y confines donde suceden otras cosas.
Viendo un programa de Eduard Punset donde entrevista a un psicólogo norteamericano sobre si somos más libres por tener más donde elegir... o más bien nos ahogamos en el océano de posibilidades que tenemos a nuestro alcance, me retrotrajo a este tema de las palabras y las elecciones, así recordé mi antiguo juego de la repetición, y efectivamente vivimos con tantas opciones que elegir pierde su sentido si no nos paramos ante el mar de posibilidades y reflexionamos honestamente acerca de nuestras reales necesidades. La sensación de velocidad, de que el tiempo no nos alcanza, que el año pasado fue ayer y recordamos pocos detalles de el, según explica este experto, se debe justamente al exceso desbordante de posibilidades y a nuestra propia insatisfacción respecto de nuestras elecciones. Pero nosotros mismo hemos creado estas necesidades, ¿porqué agobiarnos por ellas?!! Me pregunto...
Así que cuido mis palabras, pero no me vuelvo solemne por ello, aprendo a jugar con ellas sin que me importe que pierdan su sentido, de esta forma puedo equivocarme y escoger otras, decir te quiero y sentirlo, pedir perdón con reconocimiento, felicitar con verdadera satisfacción, describir con emoción, elegir con corazón. Héctor estaría de acuerdo, al menos aquel pibe pecoso y muy boca sucia que llenó mi preadolescencia de risas y travesuras, con el que inventamos palabras que aun hoy son las entradas indescifrables a mis múltiples sitios personales en la red, palabras que no están escritas en ningún libro, que no producen resultados en los buscadores y que solo están impresas en mi corazón. Héctor, allí donde estés, te abrazo con estas líneas que pretenden ser más que palabras en loa por aquellas que inventamos.
Lpl’10
"La vida no es una meta, busca un recorrido. La vida es un peregrinaje. Disfruta cada momento, porque cada momento es una meta en sí mismo."
Es un inicio de año con plenilunio, con signos evidentes de los cambios que está experimentando la tierra y todo lo que en ella habita, nosotros mismos lo podemos sentir en nuestro fuero interno; calendario gregoriano mediante, hemos celebrado el fin de un ciclo y marchamos esperanzados hacia un siguiente, pero en realidad nada se detuvo, solo nos tomamos un recreo y generamos un espacio de celebración, de acercamiento, de reflexión. Esto es lo que hoy queda, no lo perdamos.
Asistimos azorados en la red que nos abre el mundo con todas sus grandezas y miserias, nos emocionamos con los pequeños descubrimientos en los espacios del otro, blogs, webs, redes sociales ya sea personales o incluso profesionales, medios de información varios, en fin, en esta etérea dimensión que puede ser todo o puede ser nada. Y entonces disfrutamos de los encuentros en las ideas, los gustos, las músicas, los sentimientos y la vida, así nos hacemos conscientes de la tarea. Creo que cada día crece más esta masa crítica, lo puedo intuir en los comentarios, palpar en las iniciativas. Por eso, nuestra esperanza para el siguiente ciclo tendrá horizonte, no será esa esperanza ciega del que espera al despertar.
Sé que hay muchos mundos, viajando los vemos, sumergiéndome en ellos descubro una y otra vez que en realidad son uno, como el que imaginaba Lennon, por eso deseo que en nuestro espacio del cielo de la red pongamos nuestras mejores estrellas, esas que surgen de nuestra propia luz. Es el medio de seguir afianzando nuestra esperanza en los cambios. Ya lo sabemos, nada será como ha sido hasta ahora. Los revivals ya no son como los de nuestros padres, ahora es necesidad de generaciones de recrear los momentos álgidos de nuestra humanidad, esos donde sentimos que vivir en la tierra era un privilegio y no solo una dura lucha por la supervivencia. Buscamos la otra mirada.
Gracias a todos los que estáis / están leyendo los surcos que van dejando mis momentos blogueros, gracias por los pequeños y grandes prodigios que no aparecen en los diarios y si en vuestros blogs, gracias por la amistad, gracias por la otra mirada.
Me gustan las fiestas de fin de año y sería muy extenso desarrollar los sentimientos de magia e ilusión que me provocaban en mi infancia, y paradojicamente en este presente comienzo a recuperar estas ganas de festejar, y aunque ya no crea en los Reyes, o el nacimiento de niño Jesús sea una fecha dispuesta a ojo, qué más da, creo en la magia de poder estar más cerca unos de otros y creo que puede mantenerse todo el año, o mejor, todo el tiempo.
El post Soul Xmas de mi amigo Fernando donde me/nos felicita las navidades declara su disfrute por estas fiestas en el medio del consumismo que tan aconsejable se hace decrecer, (después de ver a nuestros líderes vacilando ante la determinación de no cargarnos el planeta) me ha inspirado para estos regalos, para todos mis afectos, mis amigos y los ausentes.
¡Felices Fiestas!
Lpl'09
1.- El regalo de Escuchar.
Pero realmente escuchar, sin interrumpir, bostezar, o criticar. Solo escuchar.
2.- El regalo del Cariño.
Ser generoso con besos, abrazos, palmadas en la espalda y apretones de manos, estas pequeñas acciones demuestran el cariño por tu familia y amigos, y porque no decir alguna vez 'Te quiero'.
3.- El regalo de la sonrisa.
Llena tu vida de imágenes con sonrisas, dibujos, caricaturas y tu regalo dirá: "me gusta reír contigo"
4.- El regalo de las notas escritas.
Esto puede ser un simple "gracias por ayudarme", un detalle como estos puede ser recordado de por vida y cambiarla a un tal vez.
5.- El regalo de un cumplido.
Un simple y sincero "te ves genial de rojo", "has hecho un gran trabajo" o "fue una estupenda comida" puede hacer especial un día.
6.- El regalo del favor.
Todos los días procura hacer un favor.
7.- El regalo de la soledad.
Hay días que no hay nada mejor que estar solo. Se sensible a aquellos días y da este regalo o solicítalo a los demás.
8.- El regalo de la disposición a la gratitud.
La forma mas fácil de hacer sentir bien a la gente es decirle cosas que no son difíciles de decir como "Hola" y "Muchas Gracias".
Todos hemos tenido que dejar morir un sueño: el noviazgo que no se convirtió en matrimonio, el empleo en el que no se avanzó, el negocio que no triunfó, el matrimonio que, lánguidamente, duró toda la vida.
Cada vez que un anhelo llega a su fin es necesario despedirse. Para ello, hay que identificar todo lo que podemos agradecerle a esa situación y que además puede formar parte de nuestro equipaje, pero también debemos ser capaces de dejar atrás todo aquello que fue inconveniente, y que puede convertirse en una carga demasiado grande para el resto de vida que nos queda por delante.
Las etapas en la vida se suceden. Los finales de un ciclo se unen a los principios del siguiente. Este es el proceso normal y puede darse con armonía. Sin embargo, en nuestro medio es común pensar que terminar un ciclo, dejar morir un sueño, es fracasar, y el fracaso está prohibido.
Se cree que el éxito está en que los procesos no se terminen nunca. Por lo tanto, cuando llegamos al final de un ciclo y tenemos que despedirnos, buscamos explicaciones, culpamos al otro o a nosotros mismos y así, las despedidas se vuelven ferias por la agresión y la recriminación mutua.
Ello, por supuesto, es un gran error ya que maduramos mejor cuando podemos integrar en el nuevo camino lo anteriormente vivido. Y para lograr eso debemos ser capaces de discernir amorosamente, de validar todo lo que la vivencia construyó en nosotros: los dolores que nos hizo superar, las cualidades que nos permitió desarrollar o los defectos que nos hizo conocer. Solo así, estaremos mejor preparados para un nuevo comienzo. Solo así habremos ganado en sabiduría.
Es claro que durante la jornada, durante el tiempo que dura esa relación o ese matrimonio siempre hay posibilidad de arreglar las cargas, pero los finales nos enseñan mucho, pues nos permiten una mirada retrospectiva sobre lo ocurrido.
Iniciamos las relaciones con ilusión. Pensamos: “Ahora sí encontré la persona perfecta” o “Sacaré adelante este proyecto económico”. Siempre empezamos llenos de entusiasmo y de sueños. Hay algo que percibimos en el otro, su potencial, sus características, que nos llevan a intuir que es la persona adecuada.
Pero con el correr del tiempo, podemos encontrarnos con que la perfección no ocurre y entonces, la desilusión llega marcando un final. O no es raro que la idea de la perfección misma sea nuestro gran saboteador, y aunque las cosas se den bien, perdemos el gusto de lograrlas y nos desanimamos. En otras oportunidades, nunca logramos estar satisfechos con lo logrado, siempre falta algo y así las relaciones se agotan y entendemos que ha llegado el momento de decir adiós. Para otros, el paso del tiempo va marcando caminos y rumbos diferentes y el vínculo desaparece.
Es frecuente oír en la consulta cómo la situación ha ido cambiando y el cónyuge ha dejado de ser amable para convertirse en un amargado al que ya no se le puede hablar. En las conversaciones se menciona la insatisfacción, los errores cometidos pero, sobre todo, se ve cómo el cuidado por la relación misma y por la autoestima del otro, ya no está presente. El trato se torna desconsiderado y en ocasiones hasta grosero. O, como el socio ya no trabaja en equipo, se obstaculizan las decisiones. Es cuando surgen las acusaciones mutuas y la búsqueda del beneficio unilateral reemplaza el logro de metas comunes.
En síntesis, el otro se ha vuelto fuente de dolor. En esas circunstancias se incuba la rabia que anuncia rupturas desastrosas.
En ocasiones, es conmovedor ver cómo en el tope del dolor después de la ruptura, las personas comienzan a evaluar lo que pasó y entonces es en estos momentos donde aprenden más sobre cómo construir amor y armonía, que durante la relación misma. Cuando ya no hay nada que hacer, descubren todo lo valioso que había en la amistad o en el matrimonio.
La desilusión del final hace con frecuencia que se exprese tal desprecio por los antiguos compañeros, que cuando la reflexión y discernimiento hacen su aparición, ya la pelea ha sido de tal magnitud que lo conservable también ha quedado destruido.
Es doloroso ver cómo la incapacidad para decir un adiós a tiempo que permita conservar las lealtades fundamentales de las relaciones humanas, convierte los finales de los ciclos en pérdidas irreparables. Hacer del ex-cónyuge o del ex-socio un enemigo, es negarnos la posibilidad de la conciliación.
Pero siempre hay otra ruta: cuando se llega al final del camino, podemos abandonar la crítica, la desilusión, el desánimo, el culto a nuestro propio ego, para saludar la forma más alta del amor: la compasión.
La compasión en la despedida no tiene que ver con sentirse superior o comprensivo porque el otro está en un error. Tiene que ver con experimentar un afecto sincero por nosotros mismos, por el otro y por las relaciones que hemos establecido en un proyecto compartido. Implica tener la determinación de hacer todo lo posible para conservar la propia integridad emocional y la del otro. También, implica comprometerse profundamente con hacer de cada uno de nosotros una persona, que de forma distinta de un bárbaro que arrasa con la cosecha, más bien se retira del campo cuidando bien de que lo sembrado pueda dar fruto.
(María Antonieta atiende consulta individual y realiza otras actividades relacionadas con su práctica profesional según se le solicite. Para mayor información, por favor escribe a: mariaantonieta.solorzano@gmail.com)
He recibido un estimulante escrito en formato pps con el título de este post. Ciertamente los reenvíos suelen ser repetitivos y muchas veces meras cadenas de trafico de correos, pero mi amiga Blanca Espinosa suele seleccionarlos con el filtro de su maravillosa sensibilidad e inteligencia. No conocía al Dr. Flávio Gikovate por lo que he podido localizar su página con los escritos en español (aquí) para los que queráis curiosear sobre sus textos. Sawabona amigos.
Lpl'09
No es solo el avance tecnologico lo que marcó el inicio de este milenio. Las relaciones afectivas también están pasando por profundas transformaciones y revolucionando el concepto de amor.
Lo que se busca hoy es una relación compatible con los tiempos modernos, en la que exista individualidad, respeto, alegria y placer por estar juntos, y no una relación de dependencia, en la que uno responsabiliza al otro de su bienestar.
La idea de que una persona sea el remedio para nuestra felicidad, que nació con el romanticismo esta llamada a desaparecer en este inicio de siglo. El amor romantico parte de la premisa de que somos una parte y necesitamos encontrar nuestra otra mitad para sentirnos completos.
Muchas veces ocurre hasta un proceso de despersonalización que, historicamente, ha alcanzado mas a la mujer. Ella abandona sus características, para amalgamarse al proyecto masculino.
la teoria de la unión entre opuestos también viene de esta raiz: el otro tiene que saber hacer lo que yo no se.
Si soy manso, ella debe ser agresiva, y asi todo lo demás. Una idea práctica de supervivencia, y poco romantica, por mas señas.
La palabra de orden de este siglo es asociación. Estamos cambiando el amor de necesidad, por el amor de deseo. Me gusta y deseo la compañía, pero no la necesito, lo que es muy diferente.
Con el avance tecnologico, que exige mas tiempo individual, las personas están perdiendo el miedo a estar solas, y aprendiendo a vivir mejor consigo mismas. Ellas están comenzando a darse cuenta que se sienten parte, pero son enteras.
El otro, con el cual se establece un vinculo, también se siente una parte, No es el principe o salvador de ninguna cosa, es solamente un compañero de viaje.
El hombre es un animal que va cambiando el mundo, y despues tiene que irse reciclando para adaptarse al mundo que fabricó.
Estamos entrando en la era de la individualidad, que no tiene nada que ver con el egoismo. El egoista no tiene energia propia; el se alimenta de la energia de los demás, sea financiera o moral.
La nueva forma de amor, o mas amor, tiene nuevo aspecto y significado. Apunta a la aproximación de dos enteros, y no a la uniòn de dos mitades.
Y ella solo es posible para aquellos que consiguieron trabajar su individualidad. Cuanto mas fuera el individuo capaz de vivir solo, mas preparado estara para una buena relación afectiva.
La soledad es buena, estar solo no es vergonzoso. Al contrario, da dignidad a la persona.
Las buenas relaciones afectivas son optimas, son muy parecidas con estar solo, nadie exige nada de nadie y ambos crecen.
Relaciones de dominación y de concesiones exageradas son cosas del siglo pasado. Cada cerebro es unico. Nuestro modo de pensar y actuar no sirve de referencia para evaluar a nadie.
Muchas veces, pensamos que el otro es nuestra alma gemela y, en verdad, lo que hacemos es inventarlo a nuestro gusto.
Todas las personas deberian estar solas de vez en cuando, para establecer un dialogo interno y descubrir su fuerza personal.
En la soledad, el individuo entiende que la armonia y la paz de espiritu solo se pueden encontrar dentro de uno mismo, y no a partir de los demás.
Al percibir esto, el se vuelve menos critico y mas comprensivo con las diferencias, respetando la forma de ser de cada uno.
El amor de dos personas enteras es el bien mas saludable. En este tipo de unión, está el abrigo, el placer de la compañía y el respeto por el ser amado.
No siempre es suficiente ser perdonado por alguien. Algunas veces hay que aprender a perdonarse a si mismo...
P.D. El significado de SAWABONA, es un saludo usado en el sur de Africa y quiere decir:
"RESPETO, YO TE VALORO, Y TU ERES IMPORTANTE PARA MI".
Como respuesta las personas dicen:
SHIKOBA, que es
En los días de calma veraniega, mientras disfrutaba del sol y del mar que parecen barrer de mi cuerpo la toxinas de un stress acumulado de años, he leído diferentes libros, desde best Sellers como parte de la trilogía de Stieg Larsson, ensayos de renombrados psicólogos como James Hillman o textos del comienzo de la historia (occidental al menos) como los de Heródoto. Me encuentro en las tierras donde parte de la civilización tal y como la conocemos tuvo su origen, o al menos, su origen escrito que es como reconocemos la historia. Heraklion, en los dominios de Karia que fueron doblegados por otros imperios, pero ellos los Karios han sido los pueblos originarios, first nations como eufemísticamente son llamados los indios norteamericanos. Aquí fueron llamados bárbaros, su cultura arrasada y sepultada, poco se sabe de ellos y los vestigios arqueológicos que se desvelan día a día son pasto de las discusiones más sesudas, pero en ámbitos que no trascienden lo local en la actual Turquía. Se dice que estos descubrimientos podrían echar por tierra el concepto que eleva a Grecia como centro de la historia conocida, la que todos estudiamos como historia antigua en el colegio.
En un paseo arqueológico que hicimos mi mujer y yo a instancias de unas amigas muy metidas en el tema, tuve la oportunidad de recorrer algunos de los vestigios de los cientos que se pueden encontrar en la península de Bodrum. Algunos de ellos custodiados celosamente por organizaciones locales y de forma un tanto precaria pero efectiva, lo que ya se han llevado en contrabando les ha obligado a extremar medidas, sitios como Stratonikea, la ciudad de los dos amores, fielmente custodiada por estudiantes universitarios y perros bravos alrededor de los restos más importantes (uno de ellos casi alcanza a morder a nuestra curiosa amiga Guler) exhiben valiosos restos que conviven con construcciones más recientes de los bizantinos que reciclaron parte de los restos en sus edificaciones. Los humanos en nuestro afán de identidad hemos construido sobre lo destruido como forma de superación de nuestras limitaciones, para diferenciarnos del diferente, sentirnos artífices del paradigma.
Entre los textos de mis lecturas y las reflexiones en el plenilunio del siete de julio en las ruinas de Lagina (con el permiso de Hekate), poco antes nos sobrecogieron las impresiones de un pueblo a punto de desaparecer en aras de nuestra actual civilización depredadora, Yeçilbagcilar. Muy cerca de allí una mina a cielo abierto de enormes magnitudes hiere la tierra amenazando con su incansable oradar. La excavaciones con hallazgos de más de 5.000 años desaparecerán sepultados por el progreso y las almas del pueblo, como los pueblos engullidos por los pantanos españoles en décadas pasadas, serán trasladadas a impersonales construcciones las más afortunadas, y abandonadas a su suerte las que se queden afuera del plan estatal, en connivencia con empresas privadas que a saber lo que hayan prometido a cambio.
La novela de Stieg Larsson deja la sensación que ninguna acción queda impune, que a la larga, quienes no aman a las mujeres, pagan su afrenta. James Hillman declama sobre la falacia de los padres, carga contra la culpa freudiana y sostiene que todos venimos con una misión clara y específica a este mundo, dicho sino puede o no aflorar según las circunstancias pero siempre dependiendo de nuestro más profundo ser, del código del alma que despierta. Los historiadores nos relatan la historia no exentos de ciertas preferencias o limitaciones según su estilo, sociedad donde desarrollan su actividad, tendencias de la época y demás condicionantes, haciendo que nos lleguen diferentes versiones de un mismo tema. Si no véanse las recientes historias americanas llenas de próceres y salvapatrias en un corto periodo de tiempo.
Argentina, el país donde nací, debido a su historia de conquistadores y libertadores ha dejado al margen de su historia a sus pueblos originarios, a los legítimos dueños de aquellas tierras. Sin diatribas a la conquista, descubrimiento o como quiera llamársele según el enfoque, a la llegada de los europeos a América, hoy, a comienzos del siglo XXI estas tribus comienzan a tener voz y podemos descubrir lo diverso de sus culturas; en los colegios empiezan a enseñar el lado oculto de la historia, se reivindican sus lenguas nativas tenidas hasta ahora como dialectos y se ‘descubre’ que sus creencias son básicamente las mismas que sustentan las sofisticadas religiones occidentales.
En estos tiempos en que los poderes reinantes nos intentan vender su crisis, no hay nada más edificante que volver a los orígenes, como aquel caminante que erró su sendero en alguna bifurcación. Tal vez solo detenernos y entregarnos a una reflexión seria sobre nuestro presente lleno de ruidos, apreciar cada uno desde la perspectiva que logramos alcanzar qué es lo que verdaderamente llena nuestras vidas, y cuando encontramos un atisbo de ello incidir ahí, justamente ahí, sin miedo ni culpas, ejerciendo verdaderamente nuestro libre albedrío de la condición humana. Y cuando el panorama no sea claro, cuando nuestra reflexión se nuble, hay que moverse, viajar, sentir otras culturas, otras formas de ver las cosas.
Muchos piensan que volver es retroceder, pero en realidad nunca volvemos a ninguna parte, siempre estamos yendo, así es el viaje de la vida; por ello siempre, aun en el caos, tendremos la oportunidad de ser nuevas personas y darnos el permiso de retomar aquello que una vez sentimos en nuestra infancia y que tardíamente recreamos en el atardecer de nuestras vidas, la magia de ser apreciando y agradeciendo el misterio fascinante de despertarnos cada día.
No todo lo que sucede es nuevo, he de decir que hay elementos que se combinan con lo que hoy siento, y no es que quiera complicar las cosas, siempre he intentado simplificar. Incluso cuando el esfuerzo en hacerlo me ha llevado a ciertas complicaciones. Lo que se suma no es ni más ni menos que viejas inquietudes de llegar a sentirme bien con lo que hago, por hacer todo aquello que me permita desarrollar las ideas en las que creo.
¿Qué el mundo está así y no se puede cambiar? Puede ser, pero no puedo entregarme sin más al desaliento. No puedo, no debo. ¿Cuál es el momento apto y oportuno para cambiar de rumbo? A medida que voy creciendo todo me dice que todo momento, que todo tiempo lo es. A veces sentimos que estamos parados, que no hay proyectos, y esto suele ocurrir cuando insertos en la rutina vemos que nuestro caudal vital no se refleja en la vida convencional, en el día a día de una sociedad conflictiva y en vías de desintegración. Es como si intentáramos llenar un vaso con todas las aguas de los océanos.
Muchas veces en los amaneceres de los días encuadrados en rutinas, me pregunto sobre los deseos de tanta gente al levantarse. Veo el fastidio, la desazón, la indiferencia de muchos. De repente parecía que por algún lado conectaba con este u aquel y al tiempo su aliento parece lejano, ya no está. La evasión es un estado de ánimo, me dijo un amigo categóricamente. Cada uno desde su escalón evolutivo en el que esté sentado, arengue a los estratos inferiores, y me refiero a las masas nubosas, uniformes y bajas, de color gris y de poco espesor, constituidas por pequeñas gotas de agua, aunque en ocasiones también presentan diminutos cristales de hielo.
Pesada resulta la letra, cansada la lentitud que va envolviendo una idea ya vieja y reelaborada al momento de llegar a un atisbo de su esencia por medio de la escritura. No somos dioses. ¿Pero y si lo fuéramos? Qué gigantesca y ciclópea frustración. Ay, no me alcanzarían los días para hacer prodigios, pero al final sí me alcanzarían; aunque como Dios debo ser modesto y no ser muy consciente del poder, esto lo justificaré perfectamente con la inmortalidad. Claro que después miraría de reojo que tipo de mortalidad posee el dios de al lado. ¿Es de última generación? ¿La maneja bien o se le descontrola cada dos por tres? ¿También hay competencia de prodigios? –Que el mío es más espectacular que el tuyo- el otro replicándole: -Sé humilde que el mío es más sincero-. No, ciertamente no tenemos ni idea del fenómeno.
Ahora, ante la ausencia, el vacío, me debato como cualquiera. Voy y vengo con la ceguera habitual pero agravada por la ausencia. Grandes tribunales juzgan esto o aquello; peleas dialécticas por una justicia que hace tiempo dejamos de ejercer.
Ya es viernes, muchos se dirigen a la salvación. Vomitando toxinas de oficinas, estudios, consultorías, talleres o fábricas, no hay distinción para los claustros de nuestras virtudes, hipotecas del futuro. Otros, tal vez muchos, desandan el cordón de la vida y establecen un domingo de muerte y un lunes de resurrección mientras el sábado quedará allí, hecho un ovillo sin extremos. Los procesos naturales se suceden como todos los días, solo perturbados en su trayectoria por esta nube humana que se niega a comprender.
Y pasan semanas, ya es un miércoles de otro tiempo, de otro instante. Los claroscuros siguen sin definirse, ya que esta es la vida que creamos; una caña más y a discutir por donde coger lo inmediato siempre que no queme. Comer, comer con varios aditivos, conservantes, antioxidantes, muchas Es y sus correspondientes números como si los consumidores recibieran un reporte de los efectos de cada E, y siguiendo. Las víctimas de un mal incognoscible investigado por la industria farmacéutica siguen cayendo en el vórtice de las estadísticas mundiales, nadie predice nada y la cloaca digital de alta definición nos prodiga su periódico baño de estiércol de diseño trendy.
Pero no nos perdamos por delinear lo cotidiano, lo que reafirma nuestra búsqueda; seamos constantes con nuestros instintos más auténticos. Ya se respiran otros aires evolucionando vertiginosamente en los canales de la civilización occidental. Alguien descubrió ciudades subterráneas en la Antártida y desafortunadamente tienen los mismos problemas que en la superficie, también van camino de extinguirse y han comunicado que no les quedará más remedio que evadirse y esto les representa un gran problema, ya que al igual que nosotros los de la superficie, ellos tampoco conocen otro planeta habitable.