sábado, 16 de agosto de 2014

'IN LAK'ECH, HALA KEN' - Yo soy otro tú, tú eres otro yo


Entramos a fin de julio al año nuevo del calendario solar maya, abriéndose el paso a una etapa de propulsión hacia la materialización de lo que desde el ser anhelamos con el fuego eterno de nuestro espíritu.
Según los maestros mayas estamos en el Salón de los Espejos, es decir, que absolutamente todo lo que vemos en el mundo exterior es un nítido reflejo de lo que de manera colectiva e individual llevamos dentro.
Al mismo tiempo es una profunda invitación a que nos asumamos responsables partícipes y co – creadores de nuestro mundo. Nada existe por casualidad. Ni un ápice de lo que vemos como realidad no nos concierne.

Muchísimas tradiciones espirituales ancestrales refieren que el mundo es una especie de holograma del que somos parte, pero también autores [N.R.: y científicos] y que, incluso, podemos sanar lo que creeríamos imposible, como la contaminación del mar o la delincuencia en una ciudad.

Estamos tan alejados de eso como la distancia de una creencia. Es verdaderamente asombroso cómo podemos ir esculpiendo nuestro entorno cuando creemos y, para creer, debemos sanar; para sanar debemos ser conscientes, para ser conscientes debemos observar con detenimiento qué de lo que tanto repudiamos de la condición del mundo, nos pertenece adentro; todo a lo que tanto oponemos resistencia y guerra nos invita, nos evoca, nos describe, porque vaya que lo llevamos como parte de nuestro paso por la vida.

Sería imposible que nos indignara tanto una mentira, cuando en nosotros no existe la mentira. Por eso es que el Salón de los Espejos nos mueve tanto: nos vulnera, nos taladra, nos derrumba, nos enfurece, porque está mostrándonos con la claridad –con la que nunca antes habíamos podido ver– eso que habita en nuestras conciencias y que genera todo el caos afuera.

Todos en conjunto, por vidas y vidas, hemos amasado y modelado este mundo en el que ahora vivimos. Y llegó la hora de que seamos adultos espirituales para darnos cuenta.

En este salón ya no hay escapatoria que valga, ni excusas, ni culpables, sólo la imagen evidente que nos llega de vuelta, por eso es que dormidos, duele en lo más hondo; despiertos, transforma en lo más profundo.

Es la totalidad de lo que somos y de lo que hemos sido, de vuelta adonde pertenece: sus creadores, para, a partir de ahí, renovarse como la energía de la tormenta del año maya que inicia y asumir con madurez, dignidad y fuerza, que en nuestro poder está la sanación que engendra la verdadera transformación de nuestra propia vida y la del destino humano.

por TOÑO ESQUINCA

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