miércoles, 3 de marzo de 2010

De la malaria y la otra ‘malaria’




En el instante del desfallecimiento intuí que solo me quedaba un sentido, el de la vida y la muerte. Si hace poco más de diez años mi claro impulso fue sobrevivir a la malaria, es evidente que debo hacer algo más en esta dimensión de mi vida, que aun me queda camino y esta experiencia ha sido el acicate para seguir vivo con más conciencia de estarlo.

Por ello hoy celebro ser consciente que a ese algo más vamos a llegar con todos los que amamos y no sumiéndonos en el ostracismo fatalista del que reniega del mundo.

La malaria me sobrevino de improviso como todas las cosas que cambian tu vida, después de un viaje profesional a Costa de Marfil con colegas en el cual fui el único elegido por un anopheles portador del plasmodium falciparum, el más letal de los protozoos parásitos con un índice del 90% de mortalidad. O sea que, poder contarlo me hace un afortunado valedor de ese 10% que sobrevive a tan formidable invasor del cuerpo humano.

Y el desfallecimiento en estos tiempos se da con todas las intensidades posibles, y nos obliga a elegir constantemente, hablo de los que sufren con mayor, menor, grave intensidad. De los que pierden la esperanza por un trabajo arrebatado sin recompensa alguna, por un afecto que deja esta vida, por el desengaño del futuro que nunca llega, por el día a día cada vez más denso y opaco, por las catástrofes ajenas y propias, por el vacío de la existencia...

Esta es la otra malaria, la malaria del lunfardo porteño, la mala racha, el paro, la falta de trabajo y por ende, de dinero, la inseguridad ciudadana (sic) ergo paranoia urbana, la malaria que otrora perteneciera al llamado tercer mundo que paradójicamente también es occidente (nunca supe donde estaba realmente ese tercer mundo si bien, teóricamente, he nacido en él), ahora se ha cebado con el planeta.  El sistema colapsa por nosotros mismos, por nuestra civilización.

Cualquiera que viaje un poco, comprobará que para algunos aun subidos en  las mieles del sistema, la malaria es una cosa muy distinta para el campesino que le ha usurpado su tierra la misma multinacional para la que trabaja el satisfecho empleado de la urbe. Que sobrevivir no siempre es sinónimo de infelicidad, que una comida frugal en buena compañía puede ser una fiesta mucho más vívida que una degustación en presencia del más prestigioso chef del momento. Que muchas veces dar es más satisfactorio que recibir, aun en la peor de la situaciones. En etapas extremas de mi vida he sido ayudado por gentes infinitamente pobres que me dieron lo poco que tenían para saciar mi hambre (he dicho bien, hambre no apetito) y pude experimentar su alegría al dar.

La malaria que debemos desterrar, es la del espíritu, esa que no nos deja mirar al otro desde otra perspectiva y ejercitar la mirada que no distingue entre razas ni cultura, la mirada sin miedo a lo diferente para poder aprender y aprehender lo distinto. Esto nos hará más ricos y más preparados para afrontar tiempos inéditos, tiempos en los que los viejos paradigmas han dejado paso a un nuevo mundo donde está todo por hacer, todo por reinventarse. La ofuscación  de los sentidos no nos deja ver que siempre, siempre hay una salida que nos redime y en el más inesperado momento una mano tendida. No hay que dejar que nos pueda una realidad que muchas veces no es tal. Mirar el día como una oportunidad nos permitirá hacer algo distinto y esto solo ocurre cuando dejamos de compadecernos y agradecemos lo mucho que tenemos y lo afortunado que somos de poder apreciarlo.

 Lpl'10


*Ilustracion de M.Escher para la tapa de Invisible (1974)


6 comentarios:

madroca dijo...

Completamente de acuerdo con lo que expones en tu entrada, cada uno de nosotros tenemos unas prioridades y demasiadas veces olvidamos girarnos para poder ver las de los demás, y de esa manera nos perdemos la oportunidad de conocer, aprender y ver el lado humano de los demás.
Un afectuoso saludo

Vórtice dijo...

Gracias por tu visita y comentarios Madroca. Además de lo que apuntas, solemos dar escasa importancia a la vida que se nos regala a diario hasta que algo nos da un toque y descubrimos lo frágiles que somos (para ejemplo esta crisis sistémica).

Un abrazo,
Luis

Fernando López Fernández dijo...

Chapeau Luis:
Me acuerdo verte postrado en la cama del hospital y dias después arriba otra vez. Tu elegistes, como ahora vivir, con lo que eso conlleva. Las comparacioens me han parecido fantásticas.

Enhorabuena

Vórtice dijo...

Gracias Fernando; todavía recuerdo los rostros de los que me visitabais y me preguntaba si realmente estaba tan mal porque no lo sentía en espíritu, era solo físico.

Abrazo amigo,
Luis

JL Cancio dijo...

Luis, este post tiene tanta energía positiva como tu alma. Te lo digo yo, tu hermano, desde lo más profundo de la malaria.
Un abrazo grande

Vórtice dijo...

Jose Hermanito, gracias por tus palabras; me gustaría que las mismas te llegaran a lo más profundo de ti para que no me hables desde sino sobre, como un cronista, o mejor como un documentalista!

Te quiero
Abrazo
Luis

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